-Me tocó todo para ser feliz: una clase acomodada, sabía leer escribir, disfrutaba de la buena música, de las buenas letras, de la comida que surge de las cenizas acumuladas por meses de las cocinas de humo y aun los platos se impregnaban de su olor, desde ese atole hasta el café nocturno.
-Gozar de la libertad sin saber que la tenía, hasta que la vida se me escapaba de los dedos y pude entender que, si bien no malgasté mi vida, sí pude hacer más cosas; para mí todo era jugar, disfrutar, y la vagancia fue uno de mis mejores placeres hasta que fui descubriendo otros tiempos y otros lugares del mundo y las meditaciones nocturnas en la soledad del mar me hicieron replantear mi vida.
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-Los lejanos a la vieja Europa, los anhelos de viajar y ser considerado en los cuentos infantiles en donde los días en los jardines, monumentos originales de Miguel Ángel, las columnas en Grecia, el Coliseo de Roma, y ser vagante de ese mundo, de molinos de viento.
Kafka le escucha, fuma, entre el humo y de su aliento sale su voz…
-El ser y no ser, el vivir y no vivir, el creerse vivo en calles viejas, pero de gran historia, vientos que inspiran y que de pronto nos llevaron a varios periodos de hambre, de necesidad y muerte, saber que todo es limitado y ver diferentes escuelas explicándose y exponiendo el mundo desde diversas ópticas, algunas incomprensibles, otras más a la fuerza.
-La búsqueda interminable de la justicia, el acaparamiento, el abuso del poder desde Europa hacia diversos centros de población por la materia prima, una conquista en pro de la libertad que sólo llevó a represión, miseria y muerte; lo peor es vivir como parte de los beneficiarios.
Brindan los sabios.