Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Formación de ciudadanía en tiempos de crisis

Necesitamos formar una nueva ciudadanía local comprometida con sus comunidades

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Febrero 10, 2025

Es necesario plantear un “humanismo planetario” que propugne por la protección y promoción integral e integradora del ser humano en su conjunto así como el de su entorno; que haga posible un desarrollo, social, personal y de la especie sostenido, es decir, un desarrollo que dé solución a las necesidades de los seres humanos que hoy viven en el planeta y que por ello no comprometa la solución de los problemas de las generaciones que vendrán, por el contrario, que potencie y facilite las soluciones a los problemas que se puedan presentar a las generaciones futuras.
Un “humanismo planetario” que permita el desarrollo pluridimensional del ser humano…

El mundo de las emociones. Siente lo que vives. Blog. 8 de junio de 2014.

Este año que recién inicia nos ha traído nuevos retos, peligros y amenazas. La toma de posesión como presidente de los Estados Unidos -un imperio en franca decadencia que según pienso yo, inició su etapa final con el derribo de las Torres Gemelas al iniciar el siglo, pero que finalmente sigue siendo el más poderoso de la tierra- por parte de Donald Trump, un líder violento, autoritario, ególatra e insaciable en sus ansias de poder y control, tiene hoy a prácticamente todos los gobernantes y ciudadanos del mundo viviendo en el temor constante y creciente.

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En el caso de nuestra patria, nunca como hoy se ha hecho tan palpable la verdad del dicho atribuido a Porfirio Díaz que dicen que dijo: “Pobre México. Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Efectivamente, nuestra vecindad con ese gigante del norte nos pone en una situación especialmente vulnerable porque además somos un territorio de paso de mercancías -legales e ilegales- y personas -con o sin documentos migratorios- hacia su territorio.

El inicio del mes de febrero trajo consigo la amenaza de imposición de altísimos aranceles a los productos mexicanos que se exportan a ese país y el discurso, disposiciones y acciones sobre una política de deportaciones masivas de mexicanos que en su mayoría se ganan la vida honradamente en territorio estadounidense, pero son tachados de criminales y hasta de animales por ese presidente irracional y prepotente siguen latentes y empezando a verse como realidades por venir.

Todo esto llevó tanto a los políticos como a los intelectuales, periodistas y ciudadanos a debatir sobre el llamado a la unidad nacional que hizo la presidenta Scheinbaum y de alguna manera reveló la necesidad de pensar qué entendemos hoy por ciudadanía y patriotismo, en tiempos convulsos y de riesgo para nuestro país, pero también para muchos otros países y para el resto del mundo.

En esta sociedad polarizada en que vivimos, era previsible que surgieran los dos bandos extremos confrontados ideológicamente y bastante cerrados al diálogo y al entendimiento que sería absolutamente necesario para enfrentar las amenazas externas. Por un lado, constatamos la respuesta más que patriótica, patriotera, que forma parte de los viejos usos y costumbres de la clase política mexicana.

Esta reacción consistió centralmente en actos melodramáticos como el protagonizado por los legisladores que usaron la tribuna para pronunciar discursos encendidos de sentimientos supuestamente patrióticos pero excluyentes y en actos de mercadotecnia política como cantar el himno nacional en el recinto parlamentario en el que han pisoteado la Constitución para imponer sus intereses.

Por el otro extremo, la negativa a cerrar filas y a unirse a un gobierno que ha rechazado y sigue rechazando continua y agresivamente a todos los que piensan distinto o forman la casi inexistente oposición política tachándolos de traidores a la patria, calificativo que usó también la presidenta enviando un mensaje contrario a esa unidad a la que convocó a todos y todas, que se coronó con la negativa a invitar al acto conmemorativo del aniversario de la Constitución, a la máxima autoridad del Poder Judicial, simplemente -y así lo expresó- porque no coincide en sus posturas con el Ejecutivo.

Creo que en ambos extremos del péndulo predominó la confusión histórica que no nació casualmente, sino que fue promovida y alimentada por el viejo régimen priista en la que se identifican términos que no son iguales como Nación, Estado, Gobierno y Presidenta. Del lado del partido en el poder, el llamado no fue a una unidad nacional incluyente en la que se invitara, a partir del reconocimiento de su dignidad, legitimidad y calidad de ciudadanos mexicanos, a todos y todas los que nacimos y vivimos en este país y a quienes han decidido ser mexicanos aún habiendo nacido en otras tierras. Esta convocatoria fue a apoyar a la Dra. Claudia Scheinbaum y a su movimiento, no al país representado por la institución presidencial que parece lo mismo, pero no es igual.

Del lado opositor se partió de la misma premisa errónea y se rechazó el llamado a la unidad cuestionando la legitimidad y las actitudes de la presidenta y de su grupo político, como si ellos fueran la patria. La muy débil y fracasada oposición fue incapaz de generar una narrativa distinta que saliera de ese círculo vicioso y que moviera conciencias para despertar el compromiso ciudadano en la defensa de nuestro país ante las amenazas del líder del imperio y se dedicó a plantear desde la estéril batalla ideológica el por qué no había que unirse con la presidenta y su partido.

Los nuevos tiempos que traen consigo nuevos riesgos están pidiendo nuevas formas de ciudadanía. Estamos en momentos en los que nuestras comunidades locales y nuestras regiones están siendo amenazadas por el crimen organizado y por los intereses de los caciques y políticos que buscan lucrar a costa de la gente. Necesitamos formar una nueva ciudadanía local que desarrolle en las futuras generaciones las capacidades y el compromiso para actuar de manera efectiva y comprometida con sus comunidades.

Estos tiempos y el afán expansionista de Trump y otros líderes mundiales autoritarios están también desafiando la geografía política y cultural de los países. Necesitamos también formar nueva ciudadanía para el compromiso sano, inteligente, crítico y responsable con la patria. Una nueva ciudadanía que destierre de una vez por todas la equivocada e interesada identificación de patria-partido-gobierno-presidenta (e) y que construya unidad en la diversidad, respeto a las diferencias y suma de esfuerzos para la construcción del bien común nacional.

El cambio de época y el mundo globalizado en el que vivimos y que por más intentos y tendencias de retorno a la cerrazón resulta imposible -e indeseable- revertir, debe también llevarnos a formar una nueva ciudadanía planetaria en la que las amenazas y riesgos a cualquier otra nación o grupo humano sean sentidas como propias, desde la frase de Terencio respecto a que nada de lo humano nos debe ser ajeno, porque formamos parte de la gran comunidad de la Tierra-Patria.

Es tiempo de que los educadores nos comprometamos con un “humanismo planetario” que permita el desarrollo pluridimensional del ser humano…” a partir de la formación de las nuevas generaciones en una nueva ciudadanía compleja y unidiversa.

 

 

 

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