Martes, 19 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La destrucción de Ucrania o la ucranización de Europa

La Comunidad Europea a nivel de colonia ha generado por supuesto un enorme vacío geopolítico

Julio Broca

Artista gráfico y sociólogo, investiga fenómenos culturales de disrupción y rebelión. Diseñador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”-BUAP.

Viernes, Diciembre 6, 2024

O la palestinización de Rusia… (aunque Rusia no es Palestina). Todos los anteriores, proyectos deseables para el lobby armamentístico. Los fabricantes de armas son quienes verdaderamente ganan en las guerras. ¿Y los políticos?, ¿alguien puede creer que Biden, tan neurológicamente disminuido, sea capaz de saber siquiera dónde está? Es triste su situación, pero es más triste que sea usado como parapeto. Zelenski —actual dictador de facto de Ucrania por usurpar sin elecciones un periodo presidencial más— también es una fachada, porque la realidad es que los misiles de largo alcance que Ucrania ha lanzado contra Rusia por primera vez el pasado 20 de noviembre, casualmente, no han sido lanzados por Ucrania. No puede. La razón es sencilla, «no tiene los códigos para activarlos» señala el geopolítico Antonio Alonso Marcos, las claves de activación de dichos misiles son potestad de la OTAN. Ucrania solamente le agarra la pata a la vaca, pero además, y esto mueve a la compasión, Ucrania pone la vaca. 

“¿Le hemos hecho algo nosotros a Putin?, pregunta su hija al geopolítico Antonio Alonso y él responde: “Nosotros no, pero nuestros líderes a los que nosotros votamos y, a los que nosotros elegimos, sí, entonces nosotros vamos a pagar las consecuencias de esto no solo con la destrucción de una ciudad sino con la economía”. Recordemos, este 20 de noviembre se conoció que el loco de Zeleski había “recibido permiso” de Biden para atacar el interior de Rusia con misiles de largo alcance de fabricación inglesa Storm Shadow. Quien dio el permiso dio el código y no pudo ser Biden. Evidentemente, también se descubre un intento de dejar muy comprometido a Trump utilizando el poder que aún tienen los demócratas para escalar el conflicto, o embolsarse lo que puedan de esa guerra, aunque solo les quedan unas cuantas semanas en el poder. En este contexto, tal adicción de los fondos de inversión por embarcar naciones en guerras para que ellos ganen, bien podría ser la explicación que llevó al pueblo norteamericano a sacar a los demócratas de la Casa Blanca.   

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¿El carácter y la escalada del conflicto será global? Considero que no. Hay dos escenarios posibles: la ucranización de Europa que a vendepatrias como Ursula von der Leyen (o será más correcto decir, vende continentes) les parece venir muy bien en su trabajo de jinetes del apocalipsis. El otro escenario es la anexión total -previa destrucción- de Ucrania a Rusia. Por estas dos posibilidades es que se espera que al entrar la administración Trump, comience una negociación del alto al fuego… algo que quizá a Rusia ya no le interese. 

Al inicio del conflicto escribí un texto señalando que Ucrania estaba a punto de conocer su lugar en la geopolítica y así ha sido. 

Peor que Auschwitz: los fondos de inversión

Corresponde a la sociología haber dado cuenta que fue la racionalidad subyugada a la eficiencia lo que produjo los campos de exterminio. Es decir, lejos de ser estos expresión de la barbarie, mostraban con claridad qué es la racionalidad desprovista de valores y cultura. La razón es un esclavo eficiente, pero es ciego a los valores. No olvidemos que IBM proveyó el sistema de cómputo de los campos, que Bayer el gas Zikon-B, que Ford motores para los tanques y que las petroleras lo mismo vendían petróleo a uno que a otro contrincante sin tomar partido más que por la ganancia. Cuesta trabajo creer que hoy hay algo peor que lo anterior: más eficiente, más lucrativo y que está detrás de la guerra en pleno siglo XXI: los fondos de inversión.

Cada misil Patriot cuesta aproximadamente 4.2 millones de dólares. ¿Imagina usted la corrupción bélica? Porque no hay ninguna transparencia que permita a un ucraniano saber cuántos millones de dólares se han detonado con misiles que se han lanzado, o presuntamente se han lanzado. Corrupción militar en la misma guerra. Me gustaría saber cuántos políticos han invertido su dinero en el fondo de inversión Black Rock, quien a su vez es uno de los principales accionistas en Lockheed Martin, la principal empresa constructora-distribuidora-proveedora de armamento a la OTAN y el gran prestamista del payaso asesino del pueblo ucraniano, Zelenski. Por cierto, Lockheed Martin es también la principal empresa beneficiada con la masacre que Israel perpetra sobre Palestina. Bien hizo Andrés Manuel y Marcelo Ebrard en demandar a once empresas que fabrican armas en Estados Unidos el primer semestre del 2021. 

La espeluznante lección: Auschwitz ya no es lo peor que ha visto la modernidad, hay algo más perverso, los fondos de inversión. Las guerras como gran negocio, al menos desde la perspectiva de los Fondos de Inversión, son atractivas como indefinición permanente. La crisis reciente de Ucrania es el avance nitidez y decisivo de Rusia para terminar con ese negocio de Occidente: las inminentes negociaciones retumban su urgencia ante los imparables avances rusos. En este sentido Rusia no recrudece la guerra, apura su fin. 

¿Y Rusia no hace negocio con la guerra? También. La diferencia es que mientras la industria armamentística rusa es mayoritariamente propiedad del Estado y la triste activación de la economía por la guerra, en Rusia, produce riqueza para el Estado, por el contrario, en Estados Unidos, no serán los norteamericanos quienes disfruten las negras dulzuras del dinero que la guerra produce sino los accionistas de los fondos de inversión, los dueños del país pues. A la luz de la imprudente escalada, jefes indiscutibles de los demócratas. No olvidemos que Hunter, hijo de Biden, es el gran dealer de gas a Europa que antes, se lo compraba a Rusia. La BBC ha publicado sobre Hunter: 

“Miembro de la junta directiva de la empresa ucraniana de gas natural Burisma Holdings poco después de que su padre (entonces vicepresidente de EE.UU.) ofreciera ayuda a Ucrania para que incremente su producción de gas”.

Quizá solo la miserable adicción al tráfico de influencias de Biden y su hijo, hagan a Trump la mejor opción. Un multimillonario simplemente puede hablar de tú a tú con los fondos de inversión. No olvidemos que en 2019 el Partido Demócrata dirigió todo su poder para enjuiciar políticamente a Donald Trump después de que según la BBC, Trump hubiese pedido a Zelenski “investigar al precandidato presidencial demócrata Joe Biden, cuyo hijo trabajaba para una empresa de gas en Ucrania.” Los conflictos entre los demócratas y Biden son reales y de gran calado. 

Prolegómenos de la cuarta guerra mundial (ya perdida la tercera)

La tercera guerra mundial comenzó en Vietnam y terminó en Afganistán con la derrota de Estados Unidos. No entraré en detalles —ahora mismo trabajo un texto para explicar esto— pero lamento desilusionar a los ingenuos que están pensando en la posible tercera guerra mundial. El uso de Ucrania como escenario para una provocación bélica a Rusia es evidencia de la derrota militar de Occidente: así son las acciones desesperadas, imprudentes y contraproducentes.

La cuarta guerra mundial será la lenta caída de la hegemonía norteamericana —los Brics son el síntoma— y caerá, ciertamente de pie, en un lugar preponderante como gran potencia, por supuesto, pero no de hegemón. Las razones vale la pena analizarlas en otro momento, pero básicamente la causa es el desmedido capitalismo que ha terminado por implosionar sobre su mismo campeón. El eje productivo del planeta se ha movido al lado asiático, por lo tanto, la producción y distribución de conflictos armados se encuentra en una relocalización que, dada la naturaleza inhumana y deleznable del producto, ha llevado a las nuevas grandes potencias a cuestionar este modo de funcionamiento global. La reacción por supuesto ha sido sangrienta y vulgar por parte de Israel sobre Palestina y de Estados Unidos empujando a Ucrania a la situación en la que se encuentra. 

Europa: colonia

Nuestros colonizadores de hace 500 años, han quedado reducidos a colonia. Esto es un signo de los tiempos y quedó claro cuando Alemania, la economía fuerte de Europa, fue incapaz de decidir como país soberano a quién comprarle el gas. Alemania se limitó a cancelar su proyecto de gasoducto Nord Stream 2 con Rusia y comenzó a comprar gas, mucho más caro, a “ya saben a quién”. Rusia por su parte, no tuvo ningún problema en reencauzar el gas hacia China, quien con enorme gusto se lo compró como si Europa no existiera. Como si Europa no existiera, escuchó usted bien. El resultado fue el fortalecimiento de la economía rusa y el debilitamiento de la europea, ni hablar de lo bien que le vino a China, dueña de la deuda norteamericana.

Las pésimas o megalómanas decisiones políticas recientes de Estados Unidos, insisto, dirigidas por los voraces e inmediatistas fondos de inversión, han terminado por fortalecer a quienes ellos mismos miran como oponentes. ¿Qué nivel de sumisión se requiere para empantanar al pueblo europeo en la crisis en la que se encuentra? Simplemente el de colonia. La cuestión es que la colonización de Europa por Estados Unidos no ha sido a la fuerza sino a la billetiza. La sofisticada corrupción europea que hace parecer que ahí no pasa nada, queda descubierta en las decisiones que los políticos toman en contra de la gente y eso no se explica más que por el beneficio propio.

Hace falta una renovación política en el viejo continente. La reducción de la soberanía de la Comunidad Europea a nivel de colonia ha generado por supuesto un enorme vacío geopolítico en el planeta. Esto agudiza la reconfiguración de las relaciones internacionales de forma irreversible. El corolario, por supuesto, de todo régimen colonial es la corrupción, Europa se hunde en el entreguismo de sus líderes a los designios de los fondos de inversión —en los que muy probablemente sean accionistas—. Es tan evidente que, como al principio de este texto se ha señalado, una niña inteligente puede hacer la pregunta adecuada: “¿Qué le hemos hecho a Putin?”... El pueblo europeo nada, pero sus líderes…

La crisis de los misiles 2.0

Aproximadamente cuarenta y ocho horas después de la escalada en la guerra por parte de Ucrania del 20 de noviembre, Rusia respondió con el novedoso misil Oreshkin. Nadie lo vio venir. El misil no solamente es capaz de transportar ojivas nucleares —por el momento no ha sido cargado con ellas— sino que tiene otra característica fundamental según Dmitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia: es imposible derribarlo con medios modernos. Ha quedado demostrado. Ante las capacidades técnicas de este nuevo misil ruso, los analistas más honestos, simplemente aceptan estar aterrados. No es para menos, ningún sistema defensivo occidental apostado en Ucrania pudo evitar el ataque.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, las potencias comenzaron a construir bases militares en el extranjero. La OTAN comenzó a rodear a Rusia con bases militares en Europa mientras comenzaba alegres guerras o golpes de estado por todo el planeta bajo la dirección del sicópata Henry Kissinger —ampliamente estudiado por Noam Chomski—. Es bien sabido que el punto álgido de la Guerra Fría (1958-59) fue apostar misiles nucleares en Turquía por parte de Estados Unidos y la respuesta de la URSS pocos años después, (1962) construyendo una amenazante base de misiles nucleares en Cuba. Rusia está acostumbrada al ajedrez global e, históricamente subestimarle ha tenido desastrosas consecuencias para quien lo hace. 

Es con la sostenida provocación de la OTAN a Rusia, exacerbada el 2014 a través del ataque de la derecha golpista ucranianana (que llegó al poder en 2014), que el oso eslavo, uno de los actores principales en orden jurídico mundial a través de la ONU, por fin respondió como los provocadores querían. Esta misma estrategia se está ahora mismo ejecutando en Georgia, pero ese es otro tema. 

En otro texto he hablado de la prudencia del presidente Kennedy y del dirigente ruso Nikita Jrushchov en la crisis de los misiles. Putin -me parece- está como un buen amigo analista dice: “Jugando al ajedrez mientras los amigos de Hunter Biden juegan a la matatena”. Mientras la matatena es un juego básico y reactivo solo posible en la inmediatez, el ajedrez implica comprensión del tiempo, saber cuándo la estrategia es ceder o avanzar. El reciente envío del misil Oréshnik simplemente ha dejado claro que Rusia ha respondido a la escalada bélica de la OTAN a través de Ucrania con un despliegue para finiquitar el conflicto con un ataque de misiles de última generación. El punto es saber si lo hará… Por el momento —uno que se desvanece porque puede llegar el punto en que a Rusia no le interese negociar nada— dependerá del presidente en turno de los Estados Unidos que entrará en funciones el 20 de enero, Donald Trump, es el próximo nuevo jefe de Zelenski.   

Ajedrez de la negociación

Al momento en que termino este texto, el dictador ucraniano Zelenski ha comenzado a hablar de “la salida diplomática”. Se juega actualmente con la crisis de los misiles 2.0, a tener la posición dominante ante la aparente inminente negociación del final de la guerra con la llegada de Trump.

El avance de Rusia sobre territorio ucraniano se siente como esas partidas de ajedrez donde lo único que el perdedor puede ofrecer es la rendición y comprender su lugar en el mapa. Caro le ha salido al pueblo ucraniano su voto por un payaso de Netflix. Por algo el parlamento ucraniano prohibió en 2022 la literatura y la música rusa (León Tolstoi, Alexander Pushkin, Fiódor Dostoievski y Mijaíl Bulgakov, etc.). Imagino que los generales ucranianos no podrán leer a Garry Kasparov y su interesante Cómo la Vida imita al Ajedrez. Se pierden de algo y siguen siendo responsables del dolor de su gente

 

 

 

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