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OPINIÓN

Elecciones en México y EU: declive de la democracia elitista

El modelo democrático de las élites educadas se encuentra en crisis en ambos países

Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.

Lunes, Noviembre 18, 2024

Las elecciones de este año en México y Estados Unidos darán muchos temas para estudiar y analizar sus resultados multifacéticos. Hay, entre varios, un tema que surge dentro de la opinión pública. Primero en México y ahora en Estados Unidos, aparecen cada vez más análisis que cuestionan la eficacia de la democracia manejada por la tecnocracia y las élites educadas con grados universitarios.

En Estados Unidos se está poniendo el dedo en la llaga del Partido Demócrata: “se olvidaron de la clase trabajadora” reclamó Bernie Sanders, senador demócrata y muy de izquierda del Estado de Vermont. También, los demócratas se ensimismaron en sus temas excesivamente progresistas, esnobs como los derechos de los transexuales para participar en eventos deportivos, algo que también hizo temblar a las mentes cristianas del país.

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Los votantes de Trump, que representan a la mayoría de esa nación, no tiene estudios universitarios ni gozan de los placeres sofisticados de la vida. Para ellas y ellos, el día a día consiste en ganarse la existencia en un país con inflación y con un sistema de salud inalcanzable para las clases populares. También han experimentado la depresión por la pérdida de sus empleos y han alcanzado un menor nivel de vida en comparación al de sus padres.

Para las clases populares estadounidenses ya no hay sueño americano que valga.

Y su reacción fue de rencor en contra de los políticos tradicionales tanto demócratas como republicanos. Los votantes de Trump ven a esos partidos como una clase con privilegios, que menosprecian al pueblo y que han manejado al país de manera corrupta para beneficio propio.

Trump no es sofisticado; es vulgar en sus insultos y comentarios. No tiene argumentos técnicos para explicar nada de economía ni política exterior. Compra con facilidad cualquier teoría de la conspiración que circule en las redes. Es grosero con las mujeres y los migrantes. Pero todo eso, a la vez, lo hace cercano a la gente del interior de su país que nunca fue a la universidad ni ha leído un libro completo y que jamás podría mencionar de memoria los países de Sudamérica.

Pero esa gente vota, y votó en contra de las “élites presuntuosas” de Washington. Así lo han dicho en muchas entrevistas: “los políticos tradicionales serán muy educados y estudiados, pero están alejados de las necesidades de la gente”.

Lo mismo se ha venido diciendo desde el 2 de junio en nuestro país. Las élites educadas del PRI y del PAN se autonombran como “las únicas capacitadas” para gobernar gracias a sus altos niveles educativos y sus conocimientos sobre las complejidades del mundo económico, financiero, de la administración pública y de la diplomacia. Esas élites sí deberían gobernar, según ellas mismas, y no el pueblo ignorante e iletrado.

Para esas élites, resulta que las políticas asistencialistas son “populistas” y utilizan el concepto de manera despectiva: “migajas para los fregados”.

Pero ese pueblo también vota, y para sorpresa de Denisse Dresser o de Héctor Aguilar Camín, votaron por quien veían más cercana a sus problemas reales. ¿Qué dicen las élites de México sobre los votantes de Morena? Que son unos “muertos de hambre” que votan por una mugrosa tarjeta del Bienestar.

Denise Dresser recientemente publicó en su cuenta de X que estaba de visita en su alma mater, la Universidad de Princenton y agregó fotos de su visita. ¿Entenderá ella que detalles así no le ganan ni el aplauso ni la admiración de millones de mexicanos que jamás saldrán de este país para estudiar en el extranjero?

Esto se debe a que las oportunidades nunca han sido las mismas para todos. Ni en México ni en Estados Unidos.

Es obvio que hay diferencias educativas y de poder adquisitivo entre las clases sociales de ambos países y recientemente se han hecho más extremas. Esto en parte resultado del neoliberalismo que ha reconcentrado la riqueza en pocas manos. En México, el 65% de la población se quedó fuera de ese reparto económico. En Estados Unidos el 65% perdió su lugar en la sociedad debido a la globalización de neoliberalismo desde los años noventa del siglo XX. En México hubo promesas de mejora que no se cumplieron, y en Estados Unidos millones de ciudadanos bajaron su nivel de vida, se quedaron sin trabajo ni casa y no pudieron enviar a sus hijos a la universidad.

Hoy, esos grupos han castigado a las élites educadas que gobernaron sus respectivos países por casi treinta años. Y optaron en Estados Unidos por Trump y en México por el segundo piso de la 4T. De ninguna manera pienso que en ambos casos esos votantes podrán ver satisfechas sus demandas. A Trump nunca le han interesado sus votantes, solo los ve como mercado a quienes venderles promesas huecas. A Claudia Sheinbaum no parece que la economía le vaya a permitir seguir con sus programas sociales.

Pero, si las élites educadas no logran apreciar lo que los votantes les están diciendo, debido a su soberbia, seguirán perdiendo el poder político en las próximas elecciones. Falta ver si los nuevos gobiernos logran entender que los servicios públicos eficientes y de calidad son el único camino para disminuir las brechas entre las clases sociales de sus países.

 

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