Después de reunirse con el Papa, los obispos guerrerenses intentaron negociar una tregua entre los narcos con ciertos avances para Chilpancingo. No existe en Guerrero un conflicto convencional, sino delitos no puestos ante la justicia.
La omisión del gobierno para frenar la violencia dio pie a que los cuatro obispos de las distintas diócesis dialogaran por separado con los jefes de las organizaciones criminales, quienes rechazaron una tregua por diversas razones.
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Esto demuestra que en la Iglesia hay preocupación de que la violencia derivada de la guerra entre grupos criminales se extienda hasta las próximas elecciones.
¿Qué se puede comentar al respecto? Veamos:
Violencia: La guerra entre la delincuencia organizada es la consecuencia del control territorial para medrar con las actividades criminales, esta situación se plasma en la comisión de diversos delitos del fuero común y federal, cuya lógica es obtener ganancias económicas producto del delito.
Mediación: La Cruz Roja o la Iglesia han sido mediadoras en diversos conflictos armados, como en el caso de Chiapas ya conocido, lo que sí es nuevo es que sea en estas condiciones ante el reconocimiento de la delincuencia organizada como interlocutor válido y por lo tanto, se deja de perseguirla para procurar e impartir justicia.
Estado fallido: Cuando un gobierno es incapaz de controlar los delitos por omisión, complicidad o ineptitud, el resultado es la impunidad y por lo tanto la incapacidad de mantener la vigencia del Estado Constitucional de Derecho. Rumbo al Estado Fallido otros actores políticos entran en acción como en este caso.
Aunque este episodio no ha concluido, las consecuencias son evidentes 1. Vacío de poder, 2. Irrupción de actores políticos; y 3. Reconocimiento de criminales como interlocutores.
El venezolano Francisco de Miranda expresó: “Entre las diversas maneras de matar la libertad, no hay ninguna más homicida para la república que la impunidad del crimen o la proscripción de la virtud.”