Hablar de incidencia delictiva y percepción de inseguridad de Mérida y en general del estado de Yucatán siempre nos remite a los últimos lugares a nivel nacional, sobre todo aquellos vinculados con la violencia como el homicidio doloso, el secuestro, el feminicidio y el tráfico de armas, no así en materia de extorsión ya que Mérida fue de las primeras ciudades donde apareció dicho ilícito a principios de este siglo y sigue ocupando los primeros lugares.
Sin embargo, al buscar las razones del porqué de este comportamiento siempre terminan apuntando a las autoridades locales, a sus capacidades técnicas y operativas, a las restricciones para que no proliferen armas de fuego, vehículos con reporte de robo y algunas conductas que se ubican en la fase previa a convertirse en delitos y hasta ahí se quedan.
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Lo que no siempre se toma en cuenta es la cultura de la seguridad que caracteriza al pueblo maya, el arraigo, el sentido de pertenencia, la vida en comunidad y el respeto por la vida de sus vecinos; es decir una sólida cultura de la no violencia y de paz que se ha mantenido a lo largo de las últimas décadas, valor que ha resistido los embates de grupos que han pretendido instalarse en la entidad yucateca para generar una serie de “mercados ilícitos” que les permitan obtener ganancias, en particular por la venta de drogas al menudeo como sucedió en agosto de 2008 cuando se registraron los primeras ejecuciones vinculadas al tráfico de drogas y recientemente la extorsión y el cobro de piso.
Sobre ello da cuenta la más reciente entrega de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), correspondiente a diciembre de 2023, en la cual se reporta que únicamente el 0.4% de las personas mayores de 18 años que residen en Mérida presenciaron o escucharon disparos frecuentes con armas de fuego en los alrededores de su vivienda, lo que le valió a la capital de Yucatán ubicarse en el primer lugar nacional de una serie de noventa ciudades o alcaldías donde se llevó a cabo dicha medición. Lo anterior confirma que en Mérida y en consecuencia en el estado Yucatán, el número de armas que circulan de manera ilícita es muy bajo, casi inexistente, lo cual explica porque no hay homicidios dolosos todos los días cómo en ciudades del norte del país.
En contraparte la ciudad de Fresnillo, Zacatecas se posicionó en primer lugar en este rubro con un 77.2% de su población que manifestó haber presenciado o escuchado disparos frecuentes de arma de fuego, una diferencia de casi 77% respecto de Mérida.
No en balde Fresnillo se ubica entre las zonas urbanas con una mayor tasa de homicidio doloso por cada 100 mil habitantes y Mérida entre las últimas.
Otro rubro en el que destaca Mérida y que también se encuentra asociado al bajo nivel de violencia es el de venta o consumo de droga en el cual en marzo de 2023 el 14.3% de sus habitantes mayores de 18 años mencionaron haber presenciado o escuchado sobre esta actividad. En contraste, el 75.2% de los habitantes de la alcaldía Iztacalco de la Ciudad de México manifestó haber presenciado o escuchado acerca del consumo de droga, una diferencia de casi 61%, lo cual indica que el consumo de droga en la capital yucateca aún es bajo, sin embargo el porcentaje de las personas que han sido testigos o escuchado algo al respecto ya es de dos dígitos y en caso de no atenderse y confiarse, en cualquier momento podría aparecer la violencia y solo la cultura de seguridad y no violencia que caracteriza a Mérida podría hacer las veces de escudo.
No obstante su fortaleza, dicho escudo de protección podría irse venciendo gradualmente hasta ceder, como ha sucedido en otras demarcaciones territoriales que parecían ser inmunes al avance de la violencia asociada a la venta y consumo de drogas y hoy ya presentan problemas de este tipo, como son las alcaldías Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón en la Ciudad de México.
La ciudad de Puebla, por su parte, aparece entre las cinco zonas urbanas donde las personas han sido testigos o escuchado que roban o asaltan sin que haya mayores consecuencias, por lo que sigue siendo un pendiente para las autoridades de los tres niveles de gobierno, pero con mayor razón las estatales y municipales de los últimos ocho años por lo menos.
No hay que olvidar que el papel de las autoridades en la prevención y combate a la violencia es solo de acompañamiento, ya que los verdaderos actores del cambio son los ciudadanos que habitan las ciudades objeto de la medición y sus valores, así lo han demostrado algunas zonas urbanas donde ha sido posible revertir dicho flagelo como Ciudad Juárez, Chihuahua en 2010, la región de La Laguna en los estados de Coahuila y Durango en 2012, Puebla en 2014 y Tampico, Tamaulipas en los últimos años.