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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sin mediar más nada

Un futuro como cualquier otro joven de su edad sin importar su orientación, que nunca llegó

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Enero 19, 2024

El muchacho recién ingresó a la universidad en agosto pasado. En su primer día de clases escuchó con agrado la presentación de la maestra de Administración y Finanzas, que le dijo al grupo que si alguien, algún día, tenía un problema, con confianza se podían acercar ella para ser escuchados y si podía, orientarlos. Al final de la clase un alumno la abordó y se pusieron a platicar.

La profesora le preguntó de qué preparatoria venía y cuáles eran sus intereses. El joven refirió que le gustaban las finanzas ya que, a futuro quería hacerse cargo y modernizar la fábrica de la familia, aunque faltaba tiempo.

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La ‘Miss’ percibió el estrés del muchacho al hablar de su futuro y cambió el tema a si le gustaba bailar y los deportes. El chaval respondió que jugaba tenis y estaba aprendiendo a bailar salsa, para después guardar un silencio extraño y agachar la cabeza. En tono bajo y entre dientes, después de mencionar que se veía que ella era “muy buena onda”, sin mediar más nada añadió: “soy gay”.

Con tranquilidad ella respondió que él tenía abierto su futuro como cualquier otro joven de su edad sin importar su orientación; que en redes sociales había sitios serios y de prestigio donde podía informarse y obtener los elementos indispensables para entenderse a sí mismo, y comprender que, junto con todos los demás, conformamos el prisma de la naturaleza y la condición humanas; que había chats para que los jóvenes con diversidad de género y sexual intercambiaran inquietudes; que siempre han existido personas con diversidad y que no había nada de qué avergonzarse. Al joven le brillaron los ojos y con alegría continuó la plática hasta que tocó la campana.

Llegó el invierno y las vacaciones. En enero regresaron a la universidad. La maestra al terminar su clase, extrañada por no ver al joven, preguntó si alguien sabía por qué no había asistido. Sus compañeros guardaron silencio y agacharon la cabeza: de reojo se miraron los unos a los otros. Ella esperó paciente a que alguien hablara y en un murmullo, sólo alcanzó a escuchar: “se suicidó”.

alefonse@hotmail.com

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