Una de las mayores amenazas de nuestra democracia son la desinformación que se presenta a nivel global, la evidente polarización que ha llevado a muchos al fanatismo político y, el extremismo en redes sociales que desacredita a la democracia como modelo de gobierno.
Este es el contexto en el que viviremos el entorno electoral 2024, un proceso muy competitivo, con una gran saturación de campañas digitales, en el que se pone en riesgo a la institucionalidad y la democracia con mentiras, campañas negras, fanatismo político y una permanente campaña para desacreditar al árbitro electoral y poner así en duda los resultados electorales.
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En cierta forma, las conspiraciones se han arraigado entre la élite política porque atraen al público, son como una moda que le gusta a la audiencia, así que no importa si daña a las instituciones, elimina pesos y contrapesos o degradan la transparencia deteriorando el sistema político.
Las democracias a nivel mundial enfrentan desafíos cada vez mayores. Existe una gran desconfianza en las sociedades liberales, progresistas y pluralistas, lo que ha abierto una gran puerta a los líderes populistas y autoritarios. A esto se le suma, la desinformación, la polarización y el extremismo electoral como fenómenos interrelacionados que tienen un impacto significativo en los procesos democráticos.
La desinformación, por ejemplo, afecta negativamente la toma de decisiones de los votantes, proporcionando datos incorrectos o sesgados sobre candidaturas, temas políticos o el proceso electoral en sí mismo; por otro lado, la polarización dificulta la búsqueda de consensos y aumenta la hostilidad entre grupos, lo que puede afectar la calidad del debate democrático y la capacidad de llegar a generar alianzas, acuerdos o compromisos; por último, los actores políticos extremos pueden aprovechar la polarización y la desinformación para movilizar a su base, pero también pueden contribuir a la división y la confrontación en la sociedad.
Por tanto, la desinformación contribuye a la polarización al difundir narrativas sesgadas que refuerzan las creencias preexistentes, la polarización, a su vez, puede crear un terreno fértil para el surgimiento de extremismo electoral.
Estamos en medio de una redefinición de nuestras normas sociales. Por ello será fundamental fortalecer con educación, regulación, transparencia, diálogo y empatía, la integridad de este proceso electoral para mejorar la calidad democrática.