La impunidad en México no deja de cobrar víctimas; y en el país donde no pasa nada, puede pasar de todo sin que pase nada.
Y es que una noche entre amigos y amigas, una posada puede terminar en masacre y, desde Palacio Nacional, atañen el delito al consumo de drogas.
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La madrugada del pasado domingo 17 de diciembre, un grupo de jóvenes celebraba una posada en Salvatierra, Guanajuato, la cual, fue interrumpida por una lluvia de más de doscientas balas, que provocó horror, caos y violencia entre un grupo de jóvenes menores de 35 años.
Y es que la impunidad y la violencia en la que vivimos en este país en una noche de fiesta le arrebata la vida, los sueños y el futuro a doce jóvenes, dejando a doce familias incompletas en Navidad.
Aunado a esta tragedia están las desafortunadas declaraciones del Presidente en las que criminaliza a las víctimas hablando del alto consumo de drogas en Guanajuato.
A esto se suman las redes sociales intoxicadas de fanatismo, se ponen a juzgar y a opinar, cómo si el delito fuera ser joven y divertirse, como si los criminales fueran las víctimas o las familias pidiendo justicia, y no, el crimen organizado, la violencia y la impunidad que imperan en el país.
Hemos normalizado la violencia, el terror y el caos. Nos hemos vuelto insensibles e indolentes a este tipo de eventos que se repiten constantemente; así que las discusiones se centran en defender a un partido político, un punto de vista o una ideología, pero no nos preocupamos por ver la realidad, por ser empáticos y ponernos en el lugar del otro. No debemos dejar que se normalice el terror, no olvidemos que la indiferencia es complicidad.