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OPINIÓN

Delincuencia femenina

Los estereotipos de la delincuencia en México empiezan a transformarse

Eduardo García Anguiano

Sociólogo y maestro en Administración Pública. Ha laborado en el gobierno federal y gobiernos locales en áreas de seguridad y gobierno. Ha sido profesor en la Universidad de las Américas Puebla, el IMIDECIP y el INAP. Escribe la columna Operación Seguridad.

Viernes, Diciembre 1, 2023

En los hechos criminales de los últimos tiempos tenemos el asesinato de un funcionario de seguridad pública en Zapopan, Jal., por un comando de cuatro personas, dos de ellas del sexo femenino

¿Hechos criminales de este tipo son una novedad? No si lo vemos en sentido histórico pues las mujeres han cometido delitos del fuero común o federal, recuerden el caso de la “Mataviejitas” o de cada una de las “farderas” detenidas.

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Si la óptica es cualitativa ahora tenemos que el hecho señalado no es uno en el cual la persona comete un delito, que como caso, se ve aislado; ahora forman parte sustancial del fenómeno conocido como delincuencia organizada y, tengamos presente que en nuestro país existen 17 tipos delictivos de esta naturaleza en nuestras leyes.

“... las mujeres han dejado de ser simples blancos de violencia por parte de grupos criminales; cada vez más, también son responsables de delitos.” Esto dice el texto de Crisis Group en su página electrónica en este mes de noviembre: “Socias en el crimen: el ascenso de las mujeres en los grupos ilegales mexicanos”.

“Las normas y prácticas patriarcales que aún predominan en gran parte de la vida mexicana han llevado (quizás irónicamente) a algunas mujeres a buscar autonomía, poder y un sentido de comunidad en el crimen organizado, incluso mientras estas prácticas también moldean las experiencias de las mujeres al interior de estos grupos”, así lo dice una de las conclusiones del estudio de este grupo. 

¿La vida de las mujeres peligra en la delincuencia organizada? Por supuesto, sin embargo, predomina la típica frase de las buchonas: “antes muerta que sencilla”.

Por lo que los estereotipos del pistolero, matón o sicario, ya no será sólo el hombre con pantalón de mezclilla, camisa a cuadros, botas puntiagudas y cinturón piteado, sino que se verán con más frecuencia los atuendos típicos de las mujeres dependiendo de la zona del país donde operen. En estos casos es conveniente recurrir a los clásicos: “las mujeres ya no lloran, facturan” o seguimos “haciendo historia”.

Anaïs Nin expresó: "No vemos las cosas como son realmente, sino que más bien las vemos como somos nosotros".

 

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