En los últimos días, la actividad del volcán Popocatépetl se ha intensificado, lo que ha llevado a las autoridades a emitir reportes continuos para que la población tome medidas precautorias.
Tan sólo el lunes 20 de noviembre, “Don Goyo” registró una fuerte exhalación generando una fumarola de al menos 2 mil metros de altura, acompañada de gases, vapor de agua y ceniza.
Más artículos del autor
Aunado a ello, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) contabilizó 113 exhalaciones, también acompañadas de gases y ceniza. Además de que el monitoreo detectó 737 minutos de tremor con segmentos de alta frecuencia y de baja amplitud.
Si bien esta actividad no resulta extraña para quienes vivimos en Puebla, sí es un recordatorio de la importancia de mantenerlos alertas y preparados ante una eventual contingencia provocada por el coloso.
Un peligro que está latente para quienes vivimos cerca del Popocatépetl, uno de los volcanes más activos de los más de cuarenta que existen en México, esto de acuerdo con el CENAPRED.
Y es que no podemos olvidar que la actividad volcánica representa una amenaza significativa para las comunidades cercanas, ya que puede desencadenar una serie de eventos peligrosos, como erupciones, flujos piroclásticos y la liberación de gases tóxicos.
Por ello considero vital que el gobierno implemente medidas eficientes de protección civil que permitan saber que, en caso de alguna contingencia de mayor impacto, estamos listos para salvaguardar la vida y el bienestar de la población.
Al respecto es que he insistido en la importancia de revisar de manera minuciosa el estado de las rutas de evacuación, así como el Plan de Evacuación existente, que opera desde Protección Civil y el cual me tocó construir como cuando tuve la oportunidad de fungir como Secretario General de Gobierno de la entidad.
Son al menos 24 comunidades, pertenecientes a seis municipios poblanos, las que se encuentran en la zona de mayor peligro y las que viven unos 50 mil habitantes, aproximadamente.
Considero muy importante que el gobierno difunda estos planes de contingencia, de manera clara y detallada, en los que se expliquen los procedimientos de evacuación en caso de una erupción volcánica inminente o en desarrollo. Estos planes deben incluir rutas de evacuación seguras, puntos de encuentro, albergues temporales y protocolos de comunicación.
En este mismo sentido es que las autoridades deben continuar promoviendo la coordinación y colaboración efectiva entre todas las instituciones involucradas en la protección civil. Esto implica la participación activa de los cuerpos de seguridad, servicios de emergencia, fuerzas armadas, instituciones de salud y organizaciones no gubernamentales.
Estas entidades deben estar preparadas para actuar de manera conjunta y eficiente, compartiendo información y recursos para responder de manera adecuada a las necesidades de la población afectada.
Asimismo, es crucial que el gobierno establezca canales de comunicación efectivos con la población, brindando información clara y oportuna sobre la actividad volcánica, los riesgos asociados y las medidas de protección. Esto puede incluir la implementación de sistemas de alerta a través de mensajes de texto, redes sociales, medios de comunicación y altavoces públicos.
También, se deben llevar a cabo campañas de educación pública para promover la conciencia y la preparación ante los desastres volcánicos, capacitando a la población en técnicas de evacuación, primeros auxilios y medidas de autoprotección, así como en la importancia de seguir las instrucciones de evacuación emitidas por las autoridades competentes.
Es muy importante tener presentes estas medidas, ya que a veces se nos olvida que vivimos en una zona de riesgo por contingencia volcánica y aunque la presencia del coloso es innegable, la cotidianidad nos puede llevar a dejar de lado la preparación, la cual es la clave de una actuación eficiente.
Hace unos días lo pudimos ver en Acapulco, tragedia que nos ha dejado una gran lección: no podemos ni debemos subestimar el poder de la naturaleza; por el contrario, siempre será mejor prepararse para afrontar los riesgos.
Por ahora esperemos que la actividad del Popocatépetl disminuya, pero no así las medidas preventivas que podemos tomar en caso de una contingencia, empezando con una actuación oportuna de nuestras autoridades.