En el reciente congreso de la Sociedad de Neurociencia en Washington D.C. en los Estados Unidos de América, el Dr. James Hudspeth de la Universidad Rockefeller mostró los mecanismos por los cuales oímos. En la porción más profunda del oído se encuentran las células con las cuales percibimos las ondas sonoras a través de un penacho con estructuras parecidas a pelos gruesos y enhiestos, todos ellos embebidos en una membrana rígida, llamada tectoria, que al vibrar como un diapasón, nos permite oír sonido en un rango de 20 hasta 20,000 Hertz.
Sin embargo, hay un grupo de niños que nacen sordos y requieren un órgano de reemplazo para oír, es el denominado implante coclear. Otro grupo de personas pierde la audición con la edad, en particular aquellos expuestos a ruidos intensos por largo tiempo como son los trabajadores que usan martillos mecánicos, los trabajadores de aeropuertos o hasta quienes se exponen a conciertos de rock o similares frecuentemente que son mayores a 100 decibeles. Esto hace que más de 430 millones de personas padezcan pérdida de la audición y requieren de prótesis auditivas.
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La otra causa frecuente de incapacidad de oír adecuadamente es el denominado tinnitus, que es oír un zumbido o como si se tuvieran grillos dentro del oído de manera constante, lo cual es muy discapacitante. Por muchos años se pensó que esta alteración radicaba en el oído mismo, pero el Dr. Hudspeth mostró que la alteración se da dentro del cerebro en las vías que analizan la información auditiva. Él propuso que las células pilosas dañadas producen algo parecido al dolor fantasma que sufren los amputados de una pierna o un brazo.
Esto implica que debemos protegernos de los ruidos intensos mayores a noventa decibeles usando tapones. Protejamos a este sentido tan importante para gozar de una buena plática, de la música de su preferencia o de una bella película.