La historia contemporánea no podría conocerse ni entenderse sin el periodismo. Su ejercicio independiente, libre y responsable se ha consolidado como una pieza imprescindible para el desarrollo y el funcionamiento saludable de las sociedades democráticas.
Por ello, proteger el ejercicio de la libertad de expresión y la libertad de prensa en entornos de paz y seguridad, es garantizar el conocimiento de las sociedades, su libertad de pensamiento, y una de las principales fuentes para promover su participación en los espacios públicos.
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El valor social del ejercicio periodístico es incuestionable. La resonancia de su mensaje y el desarrollo libre de su labor ha sido clave para informarnos en contextos de crisis, como la vivida a causa de la pandemia por el Covid-19, aquella que cambió nuestra vida de un día para otro, y que, a muchos, nos obligó a seguir su desarrollo desde los medios de comunicación. Las y los periodistas no sólo nos brindaron información oportuna y veraz sobre el coronavirus, su propagación, las medidas de seguridad o los avances científicos para la vacunación, sino que, ante la avalancha de rumores y desinformación, su capacidad contribuyó a verificar hechos, desmentir mitos y generar un clima de claridad, veracidad y confianza para la sociedad, lo cual fue crucial para comprender la situación y tomar decisiones informadas.
Otro ejemplo de la relevante función de los medios es la labor que desempeñan en territorios de extrema violencia y de conflictos sociales o políticos, en los que, incluso arriesgando su vida, han dado cuenta de la actualidad de la situación, lo cual ha sido fundamental para visibilizar a miles de personas víctimas de los efectos colaterales. Tal como lo son las personas refugiadas y desplazadas, con lo cual se hace posible que sus historias sean conocidas y reconocidas para brindarles ayuda.
Otra situación en la que queda de manifiesto su utilidad social y la importancia de su labor es en las zonas que han sido afectadas por desastres naturales, como desafortundamente la costa de Guerrero a causa del Huracán Otis. En casos como estos, en donde sin el periodismo la voz de miles de personas damnificadas no podrían ser escuchadas y sus historias no se reconocerían, su papel ha contribuido a que se conozca la realidad de los daños y a que las y los afectados se les localice para acercarles programas o apoyos.
Finalmente, no podemos olvidar a aquellos quienes con valentía y compromiso denuncian abusos y, en ocasiones, sacan a la luz aquello que otros quieren ocultar, en contextos de extrema violencia o en poblaciones en los que el crimen organizado está presente.
Por ello, es imperativo reconocer su labor, reforzar la seguridad para su desarrollo y garantizarlo. Es no sólo un desafío, es un deber indispensable para que las democracias se revitalicen y se fortalezcan.
En el INAI nos reiteramos como aliados del ejercicio periodístico libre. Los derechos humanos que tutelamos y su plena garantía son claves para reducir la impunidad, el ejercicio discrecional del poder y las expresiones de abuso, que impactan y limitan la labor periodística. Somos conscientes de que sólo garantizando su ejercicio pleno lograremos vivir en una verdadera democracia.
X: @ bl_ibarra