Seguimos en septiembre, mes en el que celebramos el orgullo de ser mexicanos y de vivir en un país libre y democrático, lleno de diversidad, cultura y riquezas naturales. Desafortunadamente, en esta bella tierra también hay desafíos significativos relacionados con la violencia y la inseguridad, lo cual pone en el centro de nuestra atención la conmemoración del Día Internacional de la Paz, la cual se celebra el 21 de este mes.
En este contexto de incremento de violencia social, se ha convertido en una prioridad imperante y urgente el promover la paz a lo largo y ancho de nuestro país, la cual no solo implica la ausencia de conflictos armados, sino también la justicia social, la igualdad y la unidad entre los mexicanos.
Más artículos del autor
Desafortunadamente, el país ha enfrentado una escalada de violencia en las últimas décadas, provocada principalmente por la lucha entre cárteles de drogas y la presencia de grupos delictivos. Esta violencia ha cobrado innumerables vidas, causado sufrimiento y afectando gravemente la calidad de vida de muchas comunidades.
No es un secreto el saber que administraciones federales del PRIAN vinieron y se fueron sin resolver este problema, por el contrario, hicieron que éste escalara a niveles insospechados. Hoy, estamos viendo un abordaje diferente por parte del Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien desde el inicio de su administración hizo una clara apuesta en la promoción de la justicia social como un paso crucial para la construcción de la paz.
Al respecto podemos retomar lo expresado por el Presidente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en donde dijo que “la política se inventó entre otras cosas, para evitar la guerra…Venimos a las Naciones Unidas a hablar de la paz y la paz es fruto de la justicia”.
Por ello, para lograr una paz que nos una como mexicanos, es esencial abordar las desigualdades que existen en el país y que se convierten en barreras que obstaculizan la unidad nacional como son la brecha entre ricos y pobres, la falta de oportunidades educativas y laborales para todos y la discriminación.
Precisamente por ello, la apuesta de la Cuarta Transformación ha sido la promoción de la igualdad y la inclusión, como fundamento para construir un México en el que todos se sientan valorados y parte de la sociedad.
Estas políticas han dado buenos frutos, ya que, en casi cinco años del Gobierno de la 4T, la tasa de pobreza bajó 5.6 puntos porcentuales, al pasar de 41.9 a 36.3 por ciento, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).
Aunado a ello, en tan sólo cuatro años, de 2018 a 2022, la desigualdad de ingresos entre los hogares más ricos y los más pobres del país se redujo de 18 a 15 veces, además de que tras estos primeros cinco años de gobierno, ahora llega de manera directa a 30 millones de hogares, cuando menos, un programa de Bienestar o una porción, por pequeña que sea, del presupuesto nacional.
Esta apuesta en la igualdad social ha sido muy importante, ya que promueve la cohesión social al garantizar que todos los miembros de la sociedad se sientan valorados y respetados. Cuando las personas se perciben como iguales en derechos y dignidad, están más interesadas en colaborar, resolver diferencias pacíficamente y construir comunidades fuertes y resistentes a la violencia.
Estoy seguro que todas y todos queremos vivir en un mejor México en el que la paz sea una realidad latente en el día a día, por ello tenemos que reflexionar que su construcción es una responsabilidad compartida entre ciudadanos, instituciones gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y la sociedad en su conjunto.
Tengamos presente que solo trabajando juntos, enfocados en la justicia, la igualdad y inclusión, podremos alcanzar una paz que nos una como mexicanos y nos permita un futuro mejor.