Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Salvador Allende
Más artículos del autor
Hoy se cumplen 50 años del cobarde asesinato de Salvador Allende en el golpe de Estado en Chile. El Palacio de La Moneda fue usurpado por quienes un día antes le juraron fidelidad a la nación y al jefe de las fuerzas armadas. Chile se ha transformado, el neoliberalismo causó sus estragos y hoy –tenía razón Allende cuando afirmó que los procesos sociales no se detienen– Chile es gobernado por una amplia coalición de izquierda.
En México la Cuarta Transformación ha avanzado de manera pacífica y democrática, sin embargo, las traiciones también han sido una constante, sobre todo, de personas que fueron integradas al movimiento, que tuvieron la confianza del pueblo y que en la primera oportunidad sacaron el cobre, pues estos personajes no buscan la transformación, sino espacios de poder: puestos, candidaturas, reflectores y dinero.
En 2018 se llegó a la Presidencia de la República con un amplio acuerdo, en el que se sumaron a actores de otras fuerzas políticas que buscaran un cambio verdadero, algunos, han sido grandes aliados, pero otros, solo han generado divisiones, enfrentamientos y han lastimado la imagen del movimiento.
Ejemplos sobran, Lilly Téllez, al igual de German Martínez o Nancy de la Sierra, lograron sus espacios en el Senado de la República impulsados por Morena y los partidos de la coalición, hoy son opositores.
En Puebla estos casos también han proliferado, solo para enunciar algunos de los más escandalosos, sirvan de ejemplo, el del misógino Héctor Alonso que logró una diputación local por Morena y luego demostró que nunca coincidió ideológicamente con el movimiento; o el pedófilo Saúl Huerta, mismo que con sus actos demostró carecer de principios, también están los casos de Guillermo Aréchiga, Ardelio Vargas, Enrique Peredo Grau, la familia Amador en Huauchinango y lamentablemente un amplio etcétera.
En vísperas de la elección de 2024 es importante convocar a la reflexión: ¿en verdad necesitamos a Antonio Gali o a Enrique Doger en las filas de Morena? ¿A cuántos Héctor Alonso más se integrarán en este proceso? Estos chapulines desplazan a auténticos promotores de la Cuarta Transformación, se cuelgan del trabajo de la base y en los momentos de definiciones traicionan, votan en contra y boicotean.
Tienen que haber apertura, es cierto, pero si se incorporan a las filas de nuestro movimiento, debe quedar claro, que sus viejas prácticas no pueden entrar. Por ello, es importante que la Coalición Juntos Haremos Historia sea cuidadosa con sus determinaciones, un consejo consultivo pluripartidista podría servir para poner orden, cuidar nuestra legitimidad y permanecer con la autoridad moral intacta.
TW: @acarvajalh