La relocalización o “nearshoring” resulta brindar oportunidades de crecimiento para nuestra economía a raíz de una diversidad de factores, algunos estructurales y otros coyunturales.
Comencemos por los factores estructurales. México es un país que cuenta con una fuerte especialización en mano de obra calificada, especialmente en la industria metal mecánica, automotriz. Adicionalmente, nuestro país cuenta con cadenas de producción y logística bien establecidas con Estados Unidos, además comparte husos horarios con el vecino del norte, una ventaja que las empresas e inversionistas toman en cuenta para decidir dónde ubicar sus centros de producción.
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Estructuralmente, la relocalización tiene que ver con un ahorro en costos de transporte, un menor riesgo de interrupción en la cadena, tal como ocurrió en 2020 por el covid-19 y menores tiempos de traslados de mercancías e insumos. Adicionalmente, el costo de la mano de obra es tan competitiva con la mano de obra China, por ejemplo, en la que México incluso llegó a tomar niveles de costo de mano de obra por hora por debajo de los niveles del país asiático en 2020, llegando hasta los 5 dólares por hora, mientras que China registraba niveles de 6.5 dólares la hora.
El Tratado de Libre Comercio, T-MEC, es un factor estructural adicional que ofrece ventajas arancelarias sobre cualquier país asiático. Finalmente, la frontera de más de 3 mil kilómetros que comparte México y Estados Unidos, ofrece una ventaja estructural que prácticamente ningún país en el mundo puede ofrecer a los costos de mano de obra mexicanos.
Si hablamos de factores coyunturales, debemos dirigir nuestra atención indudablemente a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, quien ha optado por dar solución a su conflicto diplomático y comercial con la economía más grande del mundo a través de la manufactura establecida en territorio mexicano.
Hablando en números, de acuerdo con un reciente informe de BBVA, desde el inicio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos en 2018, se recibieron 830 nuevos inquilinos extranjeros, 20% de origen asiático. Esto representa un promedio de 207 nuevas empresas por año entre 2018 y 2022. Asimismo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó que la inversión a México se incrementó un 17% entre 2021 y 2022. Los sectores que más se beneficiaron fueron el de servicios y manufactura, en donde las inversiones en industrias metálicas básicas y alimentarias fueron los más grandes receptores. Solo el sector automotriz, de partes y componentes, recibió el 12% del total de las nuevas inversiones en 2022.
En el mismo sentido, según el Consejo de Empresas Globales (CEG 2023), el nearshoring podría generar hasta 4 millones de empleos en territorio mexicano para 2030, recibiendo entre 30 y 50 mil millones de dólares anuales.
Vemos entonces que el futuro económico en México es prometedor, al menos, para la próxima década gracias a la serie de factores estructurales y coyunturales que hemos descrito. Es, también, una oportunidad histórica para el florecimiento de empresas locales capaces de brindar servicios de asesoría de estrategia de negocios, perspectivas económicas y ventanas de oportunidad en el ámbito empresarial, legal y por supuesto, de desarrollo de tecnologías para el impulso de las nuevas inversiones en nuestro país.
Entre los principales retos, de acuerdo con los organismos internacionales y tanques de pensamiento, se encuentra la certidumbre jurídica y la seguridad pública, que si bien no es un tema que hoy abordaré, ciertamente resulta un disuasor natural de la inversión extranjera directa, que una vez más, no nos podemos dar el lujo de dejar pasar.