Hace algunos días, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) presentó los resultados de la medición multidimensional de la pobreza a nivel federal y por entidad federativa para 2022, gracias a los cuales se pudo observar una clara disminución del número de personas que se encuentran en esta situación en el país, incluso a pesar de la pandemia por Covid-19 que se atravesó en este periodo.
De acuerdo con la información presentada, de 2020 a 2022 la población en situación de pobreza pasó de 55.7 millones de personas a 46.8, lo que representa una reducción de 8.9 millones.
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Si hablamos de porcentaje, entonces este estrato social se ubica en 36.3. En comparación con sexenios anteriores, la disminución es de 6.9 por ciento respecto al gobierno de Enrique Peña Nieto (43.2 por ciento); de 9.8 por ciento en la administración de Felipe Calderón (46.1 por ciento) y de 10.7 por ciento en la gestión de Vicente Fox (47 por ciento).
Estos mismos resultados han permitido visualizar cómo se ha cerrado la brecha salarial entre los más ricos y los más pobres, ya que mientras en 2010 los más acaudalados llegaron a ganar 35.6 veces más que la población vulnerable; en 2022 se redujo a 15 veces.
Sin duda estos resultados favorables son reflejo de la política de combate frontal a la pobreza que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha emprendido desde el inicio de su administración, bajo la premisa de “por el bien de todos, primero los pobres”.
Pero no se trata del simple hecho de decir que hay menos personas en determinado estrato social, sino que, sobre todo, la reducción de la pobreza tiene un efecto directo en la calidad de vida de los individuos y las familias.
Precisamente, estos números representan que aquellos que anteriormente enfrentaban dificultades para acceder a necesidades básicas como alimentos y vivienda, ahora experimentan una mejora significativa en su bienestar.
Al respecto, en este mismo estudio, las cifras de carencia alimentaria arrojaron resultados positivos en el país, al pasar de 57.8 por ciento a 66.1 por ciento de personas que tienen garantizado el acceso a una alimentación nutritiva y de calidad.
Tampoco escapa del radar que esta reducción de la pobreza tiene un efecto positivo en la economía del país, ya que a medida que las personas salen de la pobreza, aumenta su capacidad de gasto, lo que a su vez impulsa la demanda de bienes y servicios. Esto estimula el crecimiento económico y crea nuevas oportunidades de empleo en diversos sectores, generando un ciclo virtuoso de prosperidad.
También podemos ver que cuando más personas tienen acceso a recursos y oportunidades, aumentan las posibilidades de movilidad social. Gracias a esta política transformadora, generaciones futuras pueden beneficiarse de un entorno más equitativo y justo, donde las limitaciones impuestas por la pobreza son menos restrictivas. Esto llevará a un aumento en la educación y las habilidades de la población, creando una fuerza laboral más calificada y competitiva a nivel internacional.
Pero, sobre todo, debemos tener presente que la desigualdad económica a menudo se asocia con tensiones y conflictos sociales. Es así que al reducir las disparidades entre diferentes grupos de población la pobreza, el país mejorará la cohesión social. Esto conducirá a una sociedad más armoniosa y estable, lo que a su vez tendrá un impacto positivo en la seguridad y la paz interna.
Por ello es que vemos que estos resultados no son obra de la casualidad, sino de un nuevo modelo político que desde 2018 permea de manera positiva en el país: la cuarta transformación, que ha puesto en el centro de las decisiones políticas y gubernamentales al pueblo.
No es para menos saber que tras estos primeros cinco años del gobierno del presidente López Obrador, ahora llega de manera directa a 30 millones de hogares, cuando menos, un programa de Bienestar o una porción, por pequeña que sea, del presupuesto nacional.
Sin embargo, tampoco podemos omitir que aún siguen existiendo muchos pendientes para lograr abatir la avasallante desigualdad que impera en el país y que roba las oportunidades de desarrollo a miles de mexicanos todavía.
Es por ello que no podemos permitir que los buenos resultados se detengan, por el contrario, ahora nos toca hacer lo que está en nuestras manos para que se consolide en cada rincón del país y, desde luego en Puebla, este proyecto transformador que está haciendo posible alcanzar lo que no pudieron hacer antes los que estuvieron en el poder: lograr un México con una mayor igualdad social.