El fin de semana pasado se cumplieron ya cinco años de la victoria electoral de la Cuarta Transformación. Fue en 2018 que el Instituto Nacional Electoral (INE), después de computar el 100 por ciento de las actas electorales, declaró que con 30 millones 113 mil 483 sufragios, Andrés Manuel López Obrador se convertía en el nuevo presidente electo de México.
Este hecho no sólo ha quedado registrado en la historia, sino sobre todo ha trascendido al cambiar el modelo político, y con ello el rumbo del país. Y es que más allá de la llegada de la izquierda al poder de nuestro país, el triunfo del Presidente Andrés Manuel López Obrador instauró un nuevo modelo democrático: la Cuarta Transformación, que ha puesto en el centro de las decisiones políticas y gubernamentales al pueblo.
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Desde mi perspectiva, este nuevo modelo de desarrollo como nación es precisamente uno de los más grandes logros de la administración morenista, la cual, independientemente del trabajo diario en acciones y obras, hoy tiene un faro que las guía y no es otro que el de la igualdad social.
Tal vez en cualquier territorio esto podría no resultar relevante, sin embargo, para un país como el nuestro que es uno de los más desiguales del planeta en términos de distribución de la riqueza y oportunidades, resulta fundamental.
Esta desigualdad social tiene profundas implicaciones para el desarrollo y el bienestar de la sociedad en su conjunto, como lo es la brecha que existe entre ricos y pobres. En México una pequeña élite concentra una gran parte de la riqueza, mientras que una gran cantidad de personas vive en la pobreza. Esta desigualdad económica ha generado en múltiples generaciones de mexicanas y mexicanos exclusiones sociales y ha limitado las oportunidades para que puedan salir de la pobreza y alcanzar una vida digna.
Algunos de los estragos para las personas en situación de pobreza es que tienen un acceso limitado a servicios de salud de calidad, lo que aumenta la brecha en términos de esperanza de vida y calidad de vida. La igualdad social implica garantizar un acceso equitativo a servicios de salud y promover el bienestar para todos los ciudadanos.
Es por ello que este pacto entre el pueblo y su gobierno, como lo diría el mismo Presidente: “se ha sellado bajo el principio de atender y respetar a todos, pero dar atención especial, privilegiar siempre la ayuda a los pobres y necesitados”.
No es para menos saber que tras estos cinco años del gobierno del Presidente López Obrador, ahora llega de manera directa a 30 millones de hogares, cuando menos, un programa de Bienestar o una porción, por pequeña que sea, del presupuesto nacional.
Asimismo, la propia política económica ha mejorado el poder adquisitivo de las familias y se ha fortalecido el mercado interno; no se ha aumentado el precio de las gasolinas en términos reales, ni el precio diésel ni del gas, tampoco lo ha hecho el precio de la luz ni se han incrementado o creado nuevos impuestos.
Antes de la llegada de Morena al poder el salario mínimo era de 88 pesos al día, ahora es de 207 pesos y en la frontera es de 312 pesos; es decir, tuvo un aumento en términos reales del 89 por ciento, algo que no se veía en los últimos cuarenta años.
Aunado a ello podemos ver que ahora el presupuesto le alcanza al gobierno para entregar pensiones a 11 millones 545 mil adultos mayores; programa que se logró elevar a rango constitucional, es decir es un derecho sin importar quién llegue al poder.
No escapa tampoco el saber que se están otorgando apoyos a 1 millón 273 mil niñas, niños y jóvenes con discapacidad en todo el país y se entregan pensiones a 240 mil hijas e hijos de madres solteras.
Sabemos que además la desigualdad social también se manifiesta en el acceso a la educación. Las disparidades en la calidad de la educación entre las regiones ricas y pobres del país perpetúan la desigualdad de oportunidades. Un sistema educativo equitativo y de calidad es fundamental para romper el ciclo de pobreza y garantizar que todos los mexicanos tengan las mismas oportunidades de desarrollo.
Por ello es importante reconocer que el actual gobierno está entregando 12 millones de becas a estudiantes de familias pobres, que van desde preescolar hasta posgrado, con una inversión anual histórica de 84 mil millones de pesos al año. Además de que han pasado por el Programa de Jóvenes Construyendo el Futuro 2 millones 565 mil jóvenes de los cuales la mitad han sido contratados en definitiva en las empresas, talleres o en las organizaciones en las que se capacitaron.
Y aunque estos son sólo algunos de los ejemplos de los logros, queda clara la apuesta que ha hecho la Cuarta Transformación en estos primeros cinco años de gobierno en regresarle el poder a la gente, poniéndola en el centro de las acciones y promoviendo un mayor equilibrio en la distribución de la riqueza y las oportunidades.
Sólo así México podrá salir del rezago y, sobre todo, se podrá construir una sociedad más justa y próspera. Por ello celebramos con gran orgullo el 1 de julio de 2018, pero también asumimos el reto que tenemos enfrente: consolidar en cada rincón del país un proyecto transformador que siga abonando a la igualdad social.