- No se vaya Lic. Iván, le invito un café.
- Amigo, disculpe, pero no le conozco.
Se separó y lo dejó a un lado.
- ¡Madre Teresita!, le gritó.
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Iván quedó helado.
- ¿Quién eres? Eso es muy íntimo.
- Le dije que fui su pasante, Salvador.
- Cada mes, durante seis meses me hizo llevar un sobre a esa señora, y me obligó a dar diez monedas de salario, que para mí era molesto y no era justo.
- Ya me acordé de ti.
Regresó y lo miró a los ojos de manera seria y exigente.
Fueron al café, una charla breve y un adiós.
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