Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

A mayor organización, mejor flujo de trabajo

Mejorar hábitos organizativos en nuestro escritorio de Windows evitará dolores de cabeza

Manuel Castilla Martínez

Licenciado en Sistemas Computacionales por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha encabezado el área de Soporte Técnico de la Dirección de Informática en su alma mater. Actualmente colabora como Desarrollador de Ambiente Virtuales en la Coordinación de Educación Virtual de la IBERO Puebla.

Miércoles, Mayo 17, 2023

En cierta medida, un escritorio (físico o digital) muestra quién eres, qué haces, cómo te organizas

Hoy en día, en nuestra #CiudadDigital, al poner nuestra laptop sobre el escritorio de la oficina, casa o franquicia de café preferida, iniciamos nuestro trabajo con toda naturalidad, ya sea creando documentos de ofimática, diseño 2D, 3D, desarrollo de software, o navegando por la web, sin notar siquiera una herramienta que tenemos al alcance de nuestro puntero del ratón: nuestro escritorio de Windows, esa pantalla principal que nos permite acceder de forma rápida a carpetas, aplicaciones, archivos, etc., y que personaliza nuestra experiencia de uso del equipo, convirtiéndose en una extensión (o quizá un espejo) de nuestro escritorio físico.

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Pero esta interfaz tan fácil de comprender y usar no siempre estuvo ahí. Con el nacimiento de la PC, nacen también los sistemas operativos (OS), que posibilitaban la interacción entre el usuario y los programas alojados en la computadora. Estos OS eran interfaces de texto con uso de comandos, lo que significaba que solo unos pocos, los que hablaban el lenguaje de las máquinas, podían gozar de sus beneficios.

En 1984, Apple se encargaría de desarrollar y popularizar el primer sistema operativo con interfaz gráfica, el famoso MAC OS, que venía incluido con sus computadoras Macintosh; en 1985 le seguiría Microsoft con su primera versión de sistema operativo con interfaz gráfica: Microsoft Windows.

Con el lanzamiento de Windows 95, Microsoft introduciría una interfaz gráfica renovada e incorporaría tres elementos relevantes:

  • El botón de inicio
  • La barra de tareas
  • El escritorio de Windows
  • La propuesta del escritorio era fungir como un reflejo de lo que tenemos en nuestro escritorio real, con iconos de aplicaciones, de carpetas y documento, cuyos nombres y apariencia fuesen semejantes a los elementos físicos que usamos normalmente, tal es el caso de la papelera de reciclaje, representada con el conocido icono de bote de basura, como el que tenemos a un lado de nuestro escritorio en la oficina.

    En buena medida, nuestro escritorio muestra quiénes somos, lo que hemos hecho y lo que tenemos por hacer con nuestro trabajo diario y cómo lo organizamos, o al menos eso sería lo recomendable. Hay quien tiene un escritorio sin un solo elemento, pero también, quien necesita dos monitores para desplegar todos los iconos de aplicaciones, carpetas y documentos.

    Independientemente de nuestro estilo de organización, el escritorio de Windows es una herramienta poderosa para facilitar el flujo de trabajo, aplicando ciertas buenas prácticas:

    - Usa la barra de tareas anclando ahí los iconos de aplicaciones que más utilizas.
    Crea accesos directos a tus carpetas más asiduas, que se pueden anclar al menú de inicio.
    Usa la función de búsqueda de Windows (lupa), es muy útil para encontrar rápidamente aplicaciones y archivos.
    Agrupa elementos: yo, por ejemplo, ordeno por tipo de icono (aplicaciones, carpetas, archivos) y hago grupos muy bien definidos.
    Gestiona tus documentos: una manera podría ser agrupando los archivos en uso y separándolos de los que no se usan frecuentemente.

    Las ultima versiones de Windows incorporan Escritorios Virtuales, que permiten organizar las ventanas abiertas al mismo tiempo, pudiendo tener un escritorio solo con los navegadores, otro con nuestras aplicaciones de ofimática de uso diario y otro más para aplicaciones de diseño 2D o 3D, lo cual nos puede ayudar a tener un flujo de trabajo más organizado y eficiente. Suena bien, ¿no?

    ¿Me cuesta trabajo encontrar mi información?, ¿cuánto tiempo tardo en llegar a un archivo?, ¿he perdido información que consideraba valiosa?, ¿ha habido un documento que volví a encontrar años después y creía perdido? Si la respuesta a una o varias de estas preguntas es sí, habrá que considerar mejorar nuestros hábitos organizativos, porque una mayor organización significará un mejor flujo de trabajo, y eso, son muchos dolores de cabeza ahorrados.

    El autor es Desarrollador de Entornos Virtuales en la Universidad Iberoamericana Puebla.

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