El Partido Acción Nacional (PAN) enfrenta una crisis sin precedentes en Puebla, más no llega a ser una guerra intestina ni mucho menos el acabose de dicha institución; en todo caso, es una crisis de intereses y de grupos que se enfrentan por la repartidera de candidaturas en 2024.
Morena debe aprender de esta patética disputa, ya que, a pesar de que muchos pronosticaban una ruptura y un “choque de trenes” entre los punteros a la gubernatura, la realidad es que la unidad se continúa construyendo, e incluso, hay un panorama muy favorable para que por primera vez haya una candidata mujer a la gubernatura. De continuar así, y si hay un proceso de selección de candidatos transparente y legal, Morena retendrá la gubernatura sin aspavientos.
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La disputa en el PAN se explica porque en el plano nacional encabezan la alianza opositora Va por México, y lo más lógico es que este partido postule al candidato de la coalición, sin embargo, no cuentan con un perfil que sea capaz de aglutinar y liderar un proyecto que sea suficiente para vencer electoralmente a Morena; a lo sumo, concentrarán sus esfuerzos en obtener un buen número de posiciones en el Congreso de la Unión y ser competitivos en algunas entidades de la República.
Guanajuato y Puebla son los estados en donde el partido albiazul tiene más oportunidades de retener el gobierno o de recuperarlo. Puebla, además, es la quinta entidad federativa con el mayor número de personas en el padrón electoral a nivel nacional; la segunda entidad con mayor número de municipios (217) y nuestra capital, es la cuarta urbe más grande a nivel nacional. En resumidas cuentas, es una de las entidades federativas en la que más cargos públicos se disputarán en 2024; por lo que Puebla es un territorio estratégico para el futuro político de la oposición. El PAN no juega a ganar, sino a ser el mejor perdedor, ya que según diversos análisis demoscópicos, Morena tiene más del 60 por ciento de intención del voto en Puebla: el PAN podría convertirse en la segunda fuerza por excelencia y quizá, hasta disputar con fuerza la gubernatura de la entidad.
La supuesta “guerra civil en el PAN” no es otra cosa que una confrontación por los cargos públicos a postular en las elecciones que vienen y un reflejo de que no han aprendido de sus errores del pasado. Su ambición es el poder por el poder, carecen de proyecto, de ideología y de solvencia moral.
La situación no es mejor en los otros partidos. La oposición más que dividida está completamente desorientada, no es capaz de articular ninguna inconformidad social como una demanda política porque su campo de acción está con las élites y no con el pueblo; su lucha política es por los privilegios no por una visión de nación.
Morena tiene una gran responsabilidad, no puede desaprovechar su bono de legitimidad ni mucho menos desvirtuar el legado histórico del presidente Andrés Manuel López Obrador. De ser así nos convertimos en otra institución de la partidocracia, sin movimiento, sin legitimidad y lo peor sin autoridad moral.
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