Sin importar la corriente, el contexto histórico y la región geopolítica de la que hablemos, el trabajo y el bienestar han sido la piedra medular de los movimientos políticos de izquierda en el mundo. Reconocer el trabajo como un derecho, que permite desarrollar otros ámbitos de la persona fue fundamental para la creación de sindicatos y una amplia gama de derechos laborales.
México fue pionero en el reconocimiento de derechos laborales desde el siglo XIX; sin embargo, en el México posrevolucionario se construyeron instituciones de vanguardia como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en 1943; el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en 1959; el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) en 1972, etcétera. Sin embargo, a partir de esta década y hasta el 2018, la seguridad social: salud, trabajo, vivienda, educación, se volvieron objetivos estratégicos de los gobiernos neoliberales para el saqueo, la corrupción, el sabotaje y finalmente la privatización.
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Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió la titularidad del Poder Ejecutivo hay una nueva y vigorosa política laboral orientada a fortalecer los ingresos de las clases más vulnerables: obreros, campesinos, trabajadores independientes, trabajadoras domésticas, así como el pleno acceso a sus derechos de seguridad social. Este gobierno ha aumentado el salario mínimo de manera sostenida año con año, controlando la inflación y asegurando precios de garantía en productos de la canasta básica; además, derivado de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), reformado en Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), se ha impulsado como nunca antes la democracia sindical, el sufragio efectivo y la auténtica representación de los trabajadores.
La antigua clasificación de facto de los sindicatos en blancos y amarillos, conocidos también como “sindicatos charros”, por su vinculación con los intereses del empleador y no con los intereses de los trabajadores, quedara superada; los sindicatos charros (blancos o amarillos) están por extinguirse, en su lugar no habrá sindicatos rojos (es decir, vinculados con el fantasma del comunismo), sino una plena y auténtica democracia sindical, donde los derechos de los trabajadores sean el objetivo para construir bienestar.
La construcción de bienestar se logrará cuando se generen las condiciones para que todas las personas tengan acceso al empleo digno, por ello, y con un afán reivindicatorio, el Gobierno de México creó diversos programas sociales para capacitar y emplear a personas que no tengan trabajo; sirva de ejemplo el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, o bien el programa “Sembrando Vida”, que además cumple con un objetivo medioambiental: reforestar nuestro país.
En síntesis, la política laboral en los tiempos de la Cuarta Transformación se ha orientado a 1) dignificar el salario mínimo; 2) democratizar los sindicatos; 3) construir condiciones para el empleo y 4) combatir las simulaciones laborales como la subcontratación. Es evidente que aún no florece un nuevo ambiente laboral, sin embargo, el camino está trazado; dependerá de nosotros conquistar nuestros derechos, frente a los intereses mezquinos. En palabras de José Martí (1853 - 1995): “Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”.
Tw @acarvajalh