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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La lucha campesina

Hay una deuda histórica con los pueblos campesinos, pendientes camuflajeados de folclor y represión

Joshue Uriel Figueroa

Politólogo y abogado con estudios de Maestría en Políticas Públicas y Género (FLACSO). Fue Consejero Universitario en la BUAP. Activista por los derechos humanos. Se ha desempeñado como asesor en el INE y en la Cámara de Diputados. Desde el 2019 es titular del Programa Becas Benito Juárez en Puebla.

Martes, Abril 11, 2023

El 17 de abril se conmemora el Día Internacional de la Lucha Campesina, ya que en 1996 19 campesinos del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra en Brasil fueron asesinados por denunciar la expropiación de terrenos por considerarse “improductivos” por parte del gobierno.

Al igual que en muchas partes del mundo, las y los trabajadores del campo en México, han sido las/os más castigados por la pobreza. Siguen siendo las localidades rurales, en pleno siglo XXI, las zonas del país consideradas de alta y muy alta marginación, en su mayoría poblaciones indígenas que viven en el aislamiento del derecho a la justicia, la salud, el trabajo, la educación, a la democracia.

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Sin embargo, la identidad del campesino mexicano es romantizada, simbolizada como orgullo nacional de lo rural, de lo ancestral, de lo típico, de lo folclórico. Se olvida que el campesino y la campesina son seres humanos con necesidades, deseos, sueños, conflictos y problemas del día a día.

Parece que Emiliano Zapata comprendía la importancia de la imagen como recurso de la lucha campesina, la apariencia firme, impoluta y audaz fue el mensaje de un pueblo explotado (el de Morelos) que se retrataba de pie, armado y con traje charro. Esta imagen se convirtió en el emblema de la revolución campesina, pero detrás de ella, se esconden los claro oscuros de un Plan de Ayala que jamás pudo consolidarse; las fracturas internas de ejército, los excesos de los soldados, el machismo, la traición, el asesinato del caudillo del sur el 10 de abril de 1919 y lo que llamaría Adolfo Gilly como la revolución interrumpida.

A reserva del sur del estado de Puebla, como Acatlán, Chietla, Chiautla y algunos otros municipios como Tochimilco, el zapatismo no empalmó del todo con la sociedad poblana, todo lo contrario, predominó el carrancismo en este estado. Destaca, por ejemplo, la toma de Puebla en diciembre de 1914 por tropas zapatistas, que sólo tuvieron presencia hasta enero de 1915 con el repliegue de la División de Domingo Arenas (de Tlaxcala), ante la falta de refuerzos de los Zapatistas de Morelos. Así también, se encuentra documentada la mala relación con los obreros de Metepec, Atlixco a quienes dejaron sin trabajo al dañar las máquinas de las fábricas durante un ataque y al reclamar éstos a las tropas zapatistas, sólo recibieron amenazas.

Lo cierto es que los territorios zapatistas, ya sea por la guerra, la falta de armas, la inestabilidad y la falta de recursos, no pudieron desarrollar gobiernos autónomos estables. Como lo menciona David G. Lafrance: es importante reconocer las arrugas y verrugas de la historia: no pudieron instalar un sistema educativo, ni dejar de usar la moneda carrancista, y muy difícil fue controlar los liderazgos locales que llegaban a ser por demás injusto.

Sin embargo, frente a toda la adversidad: ¡Zapata Vive! Y vive porque representa una causa inconclusa, “la tierra es de quien la trabaja”, es una consigna vigente para quienes no poseen nada más que sus fuerzas, y es que la tierra no sólo es la representación del trabajo, la propiedad y la producción agrícola, sino el reconocer a la tierra como vida y del campesino a vivir con derechos tangibles en sus territorios.

Sólo basta echar un ojo en rincones del estado de Puebla donde la Revolución apenas y pasó. Un ejemplo es el municipio de Eloxochitlán considerado uno de los más pobres en el país: el 88.38 % de la población habla alguna lengua indígena (náhuatl o mazateco), el 34,4% de las viviendas son de piso de tierra y de sus 14,461 habitantes hay 13,674 que se encuentran en situación de pobreza, de los cuales, 8,688 están en pobreza extrema. La oferta educativa en la educación superior es básicamente nula y de cada 10 estudiantes que están la primaria, sólo 2 llegan a la preparatoria.   A pesar de ser una tierra fértil (temporal), la mayor parte de la población tiene que migrar (en su mayoría jóvenes) o salir de su localidad por temporadas a trabajar el corte de la uva en el norte del país.

Muchos son los pendientes de la Revolución con la consigna ¡Tierra y Libertad! Sólo espero que la revolución pacífica en Puebla no pierda de vista la deuda histórica que desde hace más de cien años se tiene con los más necesitados.

 

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