Todos se peleaban por ser el consentido, entre letras y lejanías añoraban estar cerca del señor.
Entre mensajes e indirectas se planeaban intrigas, las cuales terminaron en decesos.
Lo importante era mantener la complacencia del poder.
Solo en las cenas, todos bien vestidos y portados a la vista el amo, los calmaba con la mirada, cada uno añoraba las fortunas del otro y esto, los hacía ser parte de la evocación de la granja de Orwell.
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Solo la muerte fue el límite.
Así convivieron por más de 40 años, los grupos y familias muy definidos e identificados, el patriarca observa.
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