Carlos llegó a la funeraria, y esperó.
Tres horas.
Llegó el jefe político, lo miró.
Suspiró, lo saludó.
-El lunes nos vemos.
Más artículos del autor
Le hizo una señal a su asistente.
Carlos sonrió, tenía un mes buscándolo, pero sabía que llegaría a ver a su compadre de las mil huelgas y luchas en las cámaras.
Por un golpe de suerte, Carlos obtuvo empleo de auxiliar a ser asistente, a encargado de área, legislador, de los líderes del fuerte sindicato.
El día del funeral, del amigo del líder, pidió un saco prestado, zapatos; solo esperó y su suerte fue firmada por la muerte.
Twitter: @romansanchezz