- La muerte no respeta ni a ricos ni a pobres y todos ante ella somos iguales.
Dice la señora que trata de consolar a los parientes más cercanos.
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- Mi compadre era una muy buena gente; recuerdo aquel día que choqué y llegó con un abogado, que era su compañero de oficina, un tequila para el susto y hasta llamó a un taxista amigo de él, por si necesitábamos algún documento.
-Y mira, aquí solito te vas y ni hay forma de acompañarte.
Toma una flor y la pone sobre la caja.
Suspira…
Se aleja...
Se va al rincón…
-Che… Compadre-…
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