El ver a un amigo así, inerte, te deja pasmado, pensado y recuerdas la última vez que lo saludaste.
A un velorio nadie recibe invitación numerada como a las fiestas, allí llega el que quiere y puede, el que tiene la voluntad de compartir el último suspiro con los amigos comunes, con los clientes recurrentes y quizá hasta familiares.
Más artículos del autor
Todos hablan de un tiempo relativo que buscan sea muy muy ajeno.
- Te nos adelantaste.
- ¿A dónde se adelantó mi tío Juan? ¿Qué no está morido?
Le dice el niño al papá, que sonríe y le abraza.
- Por cortesía, dicen eso.
Twitter: @romansanchezz