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OPINIÓN

¿Polarización, educación y dominación?

La imposibilidad del diálogo deriva en la incapacidad social de pensamiento colectivo alternativo

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Viernes, Diciembre 9, 2022

En mi entrega de la semana pasada “Futbol, ¿para ignorantes?” cerré diciendo “Insisto: ante las posturas polarizadas, que se nos ofrecen, socialmente prefabricadas, que nos lastran y dividen, debemos formar sujetos capaces de imaginar caminos alternativos”; ahora bien, ¿a qué hice referencia con esto de la polarización?

Por favor, ayúdenme con un ejercicio, para poderlo explicar de una manera sencilla, y sin ser especialista: 1. Piensen en dos palabras para describir una persona que les cae mal… ¿ya? 2. Ahora, piensen en dos palabras que describan a una persona que les cae bien. ¿Listos?

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Si, para el primer caso, el de la persona que les cae mal, generaron palabras negativas, tales como perezoso, negligente, apático, mentiroso; mientras que para el caso de la persona que les cae bien aparecieron palabras como agradable, sincero, inteligente… es entonces, que estamos ante un pensamiento polarizado.

¿Por qué no pensar en qué, esa persona que nos cae mal es una persona inteligente y creativa, por ejemplo? O bien ¿por qué no reconocer que esa persona que nos cae bien es flojo o impuntual? Es decir, ¿por qué cerrar nuestro pensamiento al esfuerzo crítico de generar pensamientos alternativos, pensamientos no preestablecidos, ni extremos? Algunos dirán que el pensamiento mecánico, sin reflexión, premia a través de la rapidez de respuesta, así, como con exigir muy poco esfuerzo para obtenerlo; pero, ¿cómo repercute esto, en el nivel de las decisiones vitales de los individuos y de las sociedades?

Esta última pregunta resulta muy compleja, como para dar respuestas simples; sin embargo, me referiré a dos aspectos que me surgen de inmediato:

a) Por un lado, uno de los impactos es la división en el interior de una sociedad, que encuentra consuelo, en el ejercicio mecánico y reconfortante, del rechazo y descalificación de quien no coincida con la postura que ellos sustentan. Una consecuencia de reconocer como enemigo a todo aquel que piense diferente, nos coloca ante la imposibilidad del diálogo entre diferentes, derivando en la incapacidad social de construcción de pensamiento colectivo alternativo.

b) Por la otra, y como consecuencia, fomenta la dependencia de unos muchos, respecto a otros pocos, a través de inhibir el pensamiento crítico y creativo, que hace posible hacer frente a las falsas encrucijadas que nos obligan a asumir una u otra de las posturas polarizadas que se nos presentan. La dominación de unos por otros se hace presente.

Aun cuando los procesos educativos se desarrollan en cada rincón social existente, es la educación formal, a través de las escuelas, la posibilidad para romper esta incapacidad de reflexión, tan necesaria a las personas, en su proceso de liberación, de esta lógica de recibir información, reproducirla y desecharla, sin la capacidad mínima de convertirla en conocimiento propio.

Para quienes consideren que esta situación es irrelevante, piensen en el futuro de la educación en las escuelas, o la relación de padres e hijos, en donde cualquier cosa que se pretenda compartir como conocimiento, resulte relativa e irrelevante a los ojos de quien la recibe y mecánicamente la descalifique; no habrá sentido en la existencia de esa relación y, por tanto, de esos espacios.

Bueno, eso digo yo.

 

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