En una fiesta, se busca agradar a los conjurados, demostrar la gran amistad con el anfitrión, el pensarse afortunado por ser convidado por el jefe político, el jefe de la oficina, el ministro y que uno no esperaba ser invitado.
El conocer a los hijos, a la familia en general, significaría entonces que se le agrada, que hay cercanía, que existe algo más allá que solo trabajo.
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-¿Y quiénes son ellos?
-No lo sé, pero los tuve que invitar para que no se viera vacío después que no llegarían los “parientes de la capital”; apenas les dije hace dos días.
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