Y la pandemia no transformó las fiestas.
Se vieron graduaciones a distancia, fiestas virtuales, cada uno con su copa, con su confeti en casa y todos viéndose por medio de un monitor o celular.
Solo evocaron más tristeza, más reclamos hacia uno mismo por no ir a las últimas fiestas, por no ir a clases presenciales antes de estas temáticas de clases virtuales.
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El brindis a lo lejos los hizo verse, pero sintiéndose unos extraños.
Un suspiro, una sonrisa lejana, y la graduación fue lo de menos; algunos se hicieron novios y terminaron su relación y jamás se vieron personalmente.
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