El 19 de este mes se conmemorará el Día Internacional de la Mujer Emprendedora, una fecha instaurada apenas en 2014 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para reconocer el esfuerzo y el valor de las mujeres emprendedoras, así como para sensibilizar a la sociedad sobre los obstáculos y las dificultades cotidianas a las que se enfrentan las mujeres que desean emprender.
De acuerdo con el Global Entrepreneurship Monitor, en el mundo hay aproximadamente 252 millones de mujeres emprendedoras, es decir mujeres quienes, a partir de una idea inicial, tienen la iniciativa y la decisión de abordar un proyecto empresarial que les permita introducirse en el mercado para fabricar productos o bien prestar servicios.
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Y es que emprender no es algo fácil, sino por el contrario es una decisión valiente, ya que quienes lo hacen apuestan sus recursos económicos y creativos en pro de materializar una idea de negocio, lo cual también los lleva a invertir su tiempo y esfuerzo.
Precisamente uno de los problemas más grandes de estas empresas es que los emprendedores, generalmente, tienen poco margen de acción, ya sea por limitaciones financieras, de planeación o incluso de conocimientos del mercado y de los negocios.
El Estudio Radiografía del Emprendimiento en México 2021 da cuenta de que las principales razones del fracaso en las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) son la falta de liquidez, falta de conocimiento del mercado y la mala administración del negocio.
Incluso, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) destaca que alrededor de 8 de cada 10 emprendimientos fracasa en los primeros dos años.
Esto hace que el reto para las mujeres emprendedoras en México sea muy grande, más allá considerando que muchas no lo son por decisión, sino por necesidad al no encontrar otra fuente de empleo o bien porque el emprendimiento surge como una opción para generar ingresos propios a la par de desempeñar labores no remuneradas como las tareas domésticas y de cuidado.
Las cifras arrojan que, de las 21 millones 665 mil mujeres ocupadas en el país, alrededor del 26% son emprendedoras, es decir un poco más de 4 millones de mujeres. Sin embargo, no todas lo hacen desde la formalidad, lo cual también representa un gran reto.
De acuerdo con los datos del primer trimestre de 2021 reportados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, los ingresos promedio de las emprendedoras formales son 2.5 veces más que aquellas en la informalidad.
En un estudio, el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) detectó que las dueñas de empresa son más de 544 mil mujeres que equivalen al 21% del total de empleadores en México y su escolaridad promedio es universitaria.
Por su parte, las emprendedoras informales son en promedio 7.8 veces mayores que las empleadoras, su edad oscila entre los 25 y 44 años, son casadas, tienen uno o dos hijos y su nivel de escolaridad es secundaria. Las razones por las que operan en la informalidad son principalmente por el alto costo de trámites administrativos (en tiempo y dinero), la falta de acceso al financiamiento y la falta de capacitación sobre finanzas, contabilidad o desarrollo de negocios.
Precisamente, en estos factores reside una gran oportunidad tanto para las emprendedoras como para México, y mucho más considerando que diversos especialistas vaticinan un momento clave para el país dada la reorientación política de Estados Unidos hacia China y las consecuencias en el modelo actual comercial.
En este sentido, diversas industrias y corporaciones estadounidenses y europeas están buscando moverse fuera de China, lo que puede significar una buena oportunidad para México.
Basta recordar que en el país más del 50% de la población son mujeres, por lo que fortalecer a este sector, sin duda fortalecerá la economía nacional.
Es por ello que será imprescindible que el gobierno apueste a políticas públicas que coadyuven a la formalización de los emprendimientos de las mujeres, así como de todo aquel que en el país tenga una idea de negocio, a través de la utilización de tecnología para hacer más eficientes los procesos de registro de una empresa, su automatización y homologación de requisitos.
Asimismo, el nuevo paradigma deberá apostar por una clara inserción de las mujeres en el sistema financiero, ya que aún hay una gran brecha entre el capital que los hombres pueden inyectar a sus emprendimientos, que lo que pueden hacer las mujeres con los suyos.
Tan solo en América Latina, hasta 2018 las mujeres invirtieron 933 dólares para iniciar una empresa, mientras que los hombres mil 518 dólares.
Pero, sobre todo, la apuesta se debe hacer en la educación de las emprendedoras, mucho más considerando que en México solo 1 de cada 3 cuenta con estudios de educación media superior o superior.
Se requiere que las mujeres tengan acceso a los conocimientos necesarios para guiarlas en el emprendimiento de una empresa formal, desde el desarrollo hasta la ejecución de ideas.
Considero que el país está ávido de crecimiento económico y tenemos que contemplar que éste deberá ser de la mano de las mujeres, ya que no sólo representan más de la mitad de la población del país, sino que cuentan con un gran capital intelectual que será clave para aprovechar las oportunidades que hay en puerta.