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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Políticos (in)felices

Hoy los ciudadanos demandan políticos y gobernantes felices, y para eso hay que saber cohesionar

Elmer Ancona Dorantes

Periodista y analista político. Licenciado en Periodismo por la Carlos Septién y maestro en Gobierno y Políticas Públicas por el Instituto de Administración Pública (IAP) y maestrante en Ciencias Políticas por la UNAM. Catedrático. Ha escrito en diversos medios como Reforma, Milenio, Grupo Editorial Expansión y Radio Fórmula.

Miércoles, Septiembre 28, 2022

Como ciudadanos ya no sabemos qué es peor, si tener gobernantes tristes o tristes gobernantes. Para el caso da lo mismo. Eso lo vemos a lo largo y ancho de nuestro país.

¿No le parece, estimado lector, que cuando los políticos están en campaña son las personas más felices del mundo, pero apenas comienzan a gobernar se les va borrando la sonrisa del rostro?

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Tiene su razón de ser: comienzan a ver el peso de sus responsabilidades, de su tarea diaria, de lo difícil que es cumplir la encomienda que les dieron los electores. Empiezan a padecer el infierno que les vendieron como cielo.

Mientras menos saben gobernar, más infelices son; se casan con la sociedad a la que vieron demasiado hermosa… hasta antes de compartir la habitación a diario con ella.

Los ciudadanos -¡parece que no lo sabían!-, son demasiado exigentes y difícilmente perdonan a quienes los gobiernan mal, a quienes cometen constantes errores; dejan pasar un yerro, dos, tres… pero cuando viven permanentemente en la confusión, en el engaño, en la mentira, los mandan directo a chiflar a la loma.

Es cuando comienza a nacer la infelicidad en los políticos: sienten que nadie los comprende, creen que saben hacer bien las cosas cuando en realidad desconocen lo más elemental. Se ven en el espejo social y reflejan ineptitud.

Muchos políticos y gobernantes amanecen de pésimo humor y no hay café que pueda contenerlos. Se desquitan con todo el mundo, pero todo es producto de la verticalidad de sus decisiones, de su falta de imaginación, de su escuela autoritaria, de su limitado pensamiento.

¿Qué puede hacer un gobernante para ser feliz en su cargo? En primer lugar, querer y amar a la sociedad a la que dirigen y conducen, sentir algo por ella. De no ser así difícilmente le podrá ofrecer algo bueno que salga de lo más profundo de su ser.

En segundo término, trabajar a conciencia. Gobernar no es arrojar todos los días, mediáticamente, cien palabras al aire sin ejecutar obra alguna. Eso es vivir en la mediocridad.

En tercer lugar, dialogar, platicar, convivir, sentir a la sociedad con la cual va a convivir tres o seis años; en tanto no conozca a la perfección ni comprenda lo que necesita la gente, surgirán los problemas cotidianos y la mala fama.

Por último, para ser felices con el cargo que tienen, los políticos-gobernantes irremediablemente tendrán que “socializar” con los demás, esto significa que no deberán vivir encerrados en su pequeño mundo, en su diminuta burbuja de poder.

Tendrán que invitar, convocar, coparticipar con todos los sectores de la sociedad, con todos los estratos de la comunidad, más allá de sus inclinaciones ideológicas y doctrinales; de sus intereses de grupo; de los prejuicios, estigmas y estereotipos que padezca. A eso se le llama cohesión social.

La sociedad lo que menos necesita es tener gobernantes infelices que contagien todo lo malo y todo lo raro que llevan en su triste andar; hoy los ciudadanos demandan políticos y gobernantes felices que generen y derramen felicidad en su paso por el poder. Y para eso hay que saber escuchar, hay que saber cohesionar.

@elmerando

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