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OPINIÓN

El descanso para una sociedad cansada

A pesar de la extenuante jornada laboral se debe priorizar el autocuidado

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Septiembre 13, 2022

Comúnmente hablamos de la importancia de ser productivos, es decir, de alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto en el trabajo, en el estudio o incluso en las tareas domésticas. Sin embargo, muchas veces, en el afán de lograr esta eficiencia, descuidamos factores clave para nuestro bienestar integral.

En este sentido es que surge cuestionarnos sobre cuáles son los límites o factores que se deben procurar para que el trabajo no se vuelva en contra de nuestra propia salud.

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Para el filósofo sudcoreano Byung-Chul Han, esto obedece a que el mundo contemporáneo está inmerso en lo que él llama “la sociedad del cansancio”, es decir en un ambiente en el que la falsa idea de ser libres para hacer todo, produce seres agotados, fracasados y depresivos.

Es por ello que para Han la sociedad de este siglo XXI tiene como principal mal las enfermedades neuronales: depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional.

Desafortunadamente, estas afirmaciones no están lejos de ser verdad, ya que al menos el 5% de la población adulta, a nivel mundial, padece algún problema de salud mental.

En México la situación no es diferente ya que, de acuerdo con datos epidemiológicos, al menos el 8.8% de la población, es decir, 11 millones 343 mil personas, sufren depresión, siendo las mujeres las que tienen el doble de probabilidades de experimentar esta enfermedad a lo largo de su vida.

Incluso, desde la Asociación Psiquiátrica Mexicana se asegura que la depresión es la primera causa de discapacidad entre las mujeres, mientras que en los hombres es la novena.

Para Byung-Chul Han la causa de estas enfermedades es el exceso de lo que él llama como “positividad”, es decir a esa libertad de poder hacer lo que uno quiera.

Es por ello que, según el filósofo, el ser humano ahora vive en una sociedad de rendimiento; es decir, aquella en la que las personas están saturadas de sí mismas, que pueden trabajar jornadas exhaustivas para cumplir con las autoexigencias de tener más para consumir más. Es la sociedad en la que el momento de aburrimiento y reflexión escasean.

Es decir que mientras el ser humano va ejerciendo su autonomía, se convierte en víctima y victimario porque se explota a sí mismo. No tiene sobre él un poder que lo presione, está dentro de él, y para el autor no hay presión más dura que la autoexigencia.

Claramente, muchos podrían pronunciarse en contra de esta crítica a la sociedad actual, argumentando que las necesidades económicas que demanda la vida llevan a la gente a trabajar por necesidad y por tanto a una “autoexplotación” involuntaria, lo cual es cierto. La situación económica, tanto del planeta como del país, resulta muy compleja y por ello las personas deben dedicar más horas al trabajo para tener un mejor ingreso.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el país en donde, en promedio, se dedican más horas al trabajo; esto considerando a las naciones que la integran. Datos de 2019 muestran que son, en promedio, 2,137 horas al año; mientras que los demás países de la OCDE tienen un promedio de 1,730 horas. Es decir, que en México se trabaja 23 por ciento más horas. Los otros cuatro países, miembros de esta organización, con más horas de trabajo en promedio son Costa Rica (2,060 horas al año), Corea del Sur (1,967), Rusia (1,965) y Grecia (1,949). Por su parte, los países con menos horas promedio de trabajo son Dinamarca (1,380), Noruega (1,384), Alemania (1,386), Holanda (1,434), y Suecia (1,452).

Sin embargo, más allá de laborar por gusto o por necesidad, considero pertinente retomar las consecuencias que tiene trabajar jornadas exhaustivas, que además de un deterioro físico, se proyectan en un desgaste mental y emocional.

Incluso, se podría hablar del síndrome del “burn out” o de “estar quemado”, un término que refiere a los problemas de fatiga y cansancio, en este caso laboral.

La propuesta para evitar estos problemas está en encontrar tiempo para relajarse y practicar el “no-hacer”, aunque sea por periodos cortos, lo cual permite al cuerpo y a la mente darse un descanso, así como recargar pilas para seguir adelante.

Por supuesto, a esto es ideal sumarle algunos ejercicios de relajación muscular o mental e idealmente realizar actividad física como salir a caminar o practicar algún deporte.

Aunado a ello, lo ideal será establecer límites que permitan priorizar los tiempos de descanso, autocuidado y sobre todo el respeto a nosotros mismos.

No habrá en el mundo trabajo o situación económica que valga más que cuidar la salud y por tanto el bienestar. El propio Mahatma Gandhi lo puso claro en una frase: “La salud es la riqueza real y no piezas de oro y plata”.  

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