Opinión

Seis meses de guerra en Ucrania: algunas consideraciones

Sábado, Agosto 27, 2022
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Ucrania requiere de la ayuda de Occidente, porque es el mismo Occidente quien peligra si Ucrania cae
Originario de Puebla de los Ángeles, estudió Ciencia Política, música, historia y musicología en Núremberg, Leipzig, Essen y Heidelberg (Alemania). Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Heidelberg.
Seis meses de guerra en Ucrania: algunas consideraciones

El pasado miércoles 24 de agosto se cumplieron 6 meses de la infame invasión rusa a Ucrania. Como sabemos, esta fecha coincidió con el Día de la Independencia de Ucrania, por lo que pensamos que vale la pena hacer algunas consideraciones y reflexiones sobre esta guerra, que ha descolocado de fea manera al mundo entero.

Vladimir Putin afirmó, en su video para justificar la agresión a Ucrania el 24 de febrero de este año, que dicha “Operación Militar Especial” (barato eufemismo en lugar de la palabra “guerra”) tenía por objetivo terminar con ocho años de opresión al pueblo de habla rusa en Ucrania a manos del régimen de Kiev, por lo que era necesario desmilitarizar y “desnazificar” (sic.) al país vecino. Además, aseguró que llevaría a juicio a los responsables de tal “genocidio”. Los ucranianos, guiados por su presidente, Volodimir Zelenski, no estuvieron dispuestos a ser aplastados como cuando perdieron Crimea en el 2014, por lo que se defendieron con todo lo que pudieron, cosa con la que no contaba el tirano del Kremlin. Eso fue hace seis meses. Desde entonces, la seguridad mundial, la economía global y las relaciones entre las naciones del mundo se han reacomodado dolorosamente.

Pero, al lado de esta catástrofe internacional, que ha acentuado los problemas causados por la pandemia, hay que considerar el enorme sufrimiento humano que esta guerra injusta ha acarreado sobre la población ucraniana. Además del feroz bombardeo de ciudades y de objetivos civiles a manos de las fuerzas invasoras, se calcula que más de once millones de ucranianos han tenido que huir de sus casas y lugares de residencia, y el número sigue aumentando. Además, se estima que han muerto unas 15 000 personas en dicho país, de las cuales unas 5 000 son civiles.

Desde el punto de vista militar, los rusos contaban con alcanzar los objetivos inmediatos de la invasión (capturar al gobierno de Kiev o eliminarlo) en menos de una semana; este objetivo fracasó estrepitosamente, y la marcha sobre la capital tampoco funcionó, por lo que las fuerzas militares rusas se volvieron hacia el sur y este de Ucrania. En una segunda etapa, lograron hacerse del control total de la región de Donetsk. A seis meses del inicio de esta operación militar, los rusos controlan aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano, es decir, un 22 por ciento, y en lugar de haber terminado esta agresión en una sola fase, ya estamos en la tercera etapa. Sin embargo, pese a la aplastante superioridad militar rusa, su avance ha sido muy lento, de tal manera que, más o menos desde mediados de mayo casi no han logrado ganar terreno de manera notable. El problema para los invasores es no sólo que avanzan con muchas dificultades, sino que el costo en vidas (que parece no importarle mucho a Putin) y en material de guerra ha sido altísimo. Según fuentes confiables, se cree que los rusos han perdido a alrededor de 70 000 soldados, entre muertos y heridos, lo cual significa una sangría enorme, una catástrofe humanitaria de enormes proporciones entre la propia población rusa que, no obstante, en su mayoría apoya a Putin. Esto último es un tema aparte, digno de estudiarse.

La ciudad de Bachmut es el próximo objetivo militar ruso, pero los ucranianos se han defendido bien y han logrado, hasta el momento, defender esta ciudad, cuyo valor estratégico es enorme. Las fuerzas armadas ucranianas han tratado de emprender una contraofensiva, pero para ello necesitan al menos una superioridad numérica frente a los rusos de 3 a 1, lo cual está complicado de alcanzar. A pesar de que han logrado recuperar algunos territorios, aún no consiguen reconquistar la ciudad de Cherson (Jerson), que cayó en manos rusas prácticamente desde el inicio de la invasión. Pero, a pesar de la lentitud de su avance, los rusos ya tienen en su poder toda la costa ucraniana del Mar de Azov y, por ello, ya tienen un corredor hasta el Mar Negro, hasta la península de Crimea, que el derecho internacional sigue reconociendo como territorio ucraniano pero que está en manos de Rusia desde el 2014. En esta misma dirección buscan los invasores llegar a Odessa, puerto importantísimo hacia el Mar Negro, pero no lo han logrado hasta ahora. Mención especial merece la región de Saporischja, pues los ucranianos la siguen controlando; sin embargo, la zona en la que está la central nucleoeléctrica más grande Europa y la central misma están en manos de los rusos, lo que constituye un enorme problema de seguridad no sólo para Ucrania, sino para toda Europa, pues ya sabemos que las autoridades rusas no son especialmente cuidadosas en temas de seguridad de instalaciones atómicas y no tienen escrúpulos si se trata de provocar a Occidente, al precio que sea.

Esta tercera etapa está caracterizada por el empleo, cada vez mayor y más eficiente, de armas occidentales de precisión por parte de los ejércitos ucranianos, de tal manera que han logrado golpear a los rusos (a quienes los ucranianos, por cierto, llaman “orcos”, figuras malévolas y crueles en algunas obras de J. R. R. Tolkien), particularmente en instalaciones muy sensibles como bases aéreas, centros de mando y depósitos de municiones, incluso en la península de Crimea. Esto es un fuerte golpe psicológico para Rusia y para su población, pues la ha acercado a los horrores de la guerra. Los videos tomados por turistas rusos en las playas de Crimea, mostrando la destrucción de una base aérea rusa, se conocieron inmediatamente en muchísimas ciudades rusas, para enojo del Kremlin. Generalmente, los pueblos toleran la guerra si esta se lleva a cabo en otros países, pero se vuelven más quisquillosos si se acerca demasiado al territorio propio. Esta resistencia de precisión de los ucranianos ha llevado a que estemos en un momento de estancamiento en las operaciones militares, por lo que es difícil predecir lo que ocurrirá en las próximas semanas en los campos de batalla.

Los rusos han declarado que han detenido su ritmo de avance con el objetivo de no lastimar a la población civil, lo cual es falso y cínico, pues dañar a civiles forma parte de la estrategia rusa desde hace años, como ya lo hemos demostrado anteriormente en este mismo espacio. Algo que no ha cambiado ni un ápice en el lado ucraniano es la férrea decisión de los habitantes de defender su territorio; pero no sólo eso: están decididos a recuperar lo que han perdido. Observadores en el lugar de los hechos han constatado que muy pocos ucranianos están dispuestos a negociar con los rusos en este momento y a dar por perdidos los territorios que ya están en manos del invasor. Sin embargo, a ambos bandos les falta en este momento el material bélico, la energía, la fuerza y los recursos para destrabar la situación, por lo que estamos ante una terrible guerra de desgaste. Es por eso indispensable para el ejército defensor seguir recibiendo armamento pesado occidental, pues eso les ha ayudado a detener el avance ruso. Sin embargo, Europa no ha enviado lo que ha prometido, a diferencia de Estados Unidos o Inglaterra. Es triste ver como Europa, la rica Europa, no alcanza a comprender todo lo que está en juego en la guerra en Ucrania. Europa misma está en juego. Es decepcionante, por ejemplo, que Alemania siga negándose a apoyar a Ucrania de manera más consistente y comprometida. Lo mismo podemos decir de Italia, España e incluso de Francia.

Por lo mismo, el fin de la guerra es difícil de predecir ni quién ganará. Aquí la pregunta es: ¿qué significa “ganar la guerra”? Es imposible pensar que Ucrania logre echar fuera de cada metro cuadrado a los rusos, pero tampoco es fácil pensar que Putin obtenga la capitulación incondicional del país invadido. Si Ucrania logra sobrevivir a esta guerra, será un gran triunfo. Si se entablan negociaciones en donde también se discuta seriamente la presencia de las tropas rusas en Ucrania, será también un gran triunfo para Zelenski y los suyos. Lo más seguro es que esta guerra no termine en octubre ni a fin de año, aunque es probable que en invierno Putin ofrezca una tregua para darle respiro a sus soldados. Seguramente estará especulando el Kremlin que, cansados de la guerra, de la inflación, de los altos costos de la energía, de la escasez de alimentos y de ayudar a Ucrania, los europeos comiencen a presionar a sus gobiernos para que dejen de apoyar a este país y muevan a ambas partes a sentarse a negociar. Putin seguramente cree que recibirá más dinero por el petróleo y el gas que suministra a Europa, y aprovechará que, en otoño e invierno, con los lodazales que se forman en Ucrania, las condiciones serán más complicadas para el movimiento de sus muy agotadas tropas, por lo que sentarse a negociar podrá quizá ser posible, siempre que Rusia se vea en mejor posición que Ucrania. No olvidemos que Rusia puede seguir alimentando esta guerra, aunque avance muy lentamente, pues tiene más recursos que Ucrania y es el prestigio personal de Putin el que está en juego en un país sin condiciones democráticas. De ahí la mayor importancia del carisma como líder fuerte y decidido frente a las amenazas del exterior.

Por ahora, se ve difícil entablar negociaciones, pues los ucranianos no están interesados en negociar bajo términos rusos. Ya lo dijo muy bien Boris Johnson, hace dos días: sólo se puede negociar con alguien que esté interesado en hacerlo, y ese no es Putin, al menos no en estos momentos; además, el Premier inglés dijo claramente otra gran verdad: “No puedes negociar con el oso cuando este se está comiendo tu pierna”. Si la guerra se estanca por más tiempo, quizá llegue el momento de negociar. Lo que por ahora podemos ver es que el fin de esta guerra no está a la vuelta de la esquina; seguramente llegará al 2023 y seguirá de varias formas: o como hasta ahora, en la que dos ejércitos regulares luchan uno contra el otro; o, si Rusia doblega al ejército ucraniano, en forma de guerra de partisanos, en la que los invasores tendrán que luchar contra guerrilleros en una muy larga contienda de desgaste y de mayor sufrimiento humano. Ucrania requiere de la ayuda de Occidente, porque es el mismo Occidente quien peligra si Ucrania cae. Esto debe quedarnos muy claro.

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