La señora Tomasa acaba de cumplir 59 años, vive en la junta auxiliar de La Resurrección; todos los días se despierta a las 4 de la mañana para iniciar su jornada. Limpia su casa, que aún cuando es muy humilde, luce impecable de pulcritud. Hace la comida para su familia, ella come un poco. En un costal que está roído, hecha todo lo que necesita para su trabajo del día: masa, botes con salsas, cebollas, platos, servilletas, entre otras muchas cosas. Carga un comal mediano que está pandeado, carga también con un mechero y un pequeño tanque de gas. Con todo eso se sube a un microbús que la lleva hasta un lugar cerca del centro de la ciudad donde pone su puesto de memelas. Alrededor de las 5 de la tarde levanta su puesto, limpia bien el lugar, y vuelve a casa con los pesos que obtuvo ese día, sabe que le quedarán unos 150 de ganancia, quizá menos
Pocas personas tan honradas como la señora Tomasa, tan trabajadoras. Cuando le pregunté desde cuando se dedicaba a eso, con una sonrisa me respondió: “Ay joven, ya ni me acuerdo, empecé de ayudanta de mi mamá cuando era chiquilla”.
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¿Alguien podría decir que la señora Tomasa no ha hecho méritos en su vida? Los hace, y muchos, todos los días. Es ejemplo de integridad y trabajo. Y aún con todo lo que hace, la señora Tomasa vive en pobreza. Y así como este caso, hay miles… millones de personas.
Cuando escucho la frase “son pobres porque quieren”, siento una especie de ironía de la vida. Regularmente, quien la dice, lo hace desde el privilegio. Desde la ilusión de la meritocracia, donde se cree que se obtiene lo proporcional al esfuerzo que se realiza y méritos que se hacen. Falso de toda falsedad.
La meritocracia, la mayoría de las veces, es una ilusión mental que suelen usar las élites para justificar su posición de privilegio. Y al ser esta idea algo que permea en toda la estructura social, tiende a verse como una verdad absoluta, que ya no solo la creen las mismas élites que la implantan, sino la generalidad de la gente.
El día que todas las personas, todas, tengan las mismas oportunidades desde que nacen y a lo largo de su vida, podremos hablar de meritocracia. Ahora no. No cuando hay millones de personas que nunca podrán ingresar a una escuela. No cuando hay millones de niños que vivirán toda su infancia con anemia por no tener comida suficiente. No cuando hay gente que por más que trabaje honradamente nunca podrán tener una buena calidad de vida.
Espero que no se malentienda este artículo, no es un reclamo por las oportunidades que nos tocó tener, es un llamado a la empatía, a la inclusión social y a ser generadores de oportunidades para que la brecha social que vivimos sea cada vez menor. Saber que el esfuerzo de todos es importante, pero estar conscientes que hay una gran diferencia entre iniciar a trabajar en la empresa de papá y trabajar como memelera desde la infancia.
Empatía, solidaridad, subsidiaridad, generosidad, inclusión social, educación… solo así podremos aspirar a una sociedad más justa y digna. Hagamos lo que esté en nuestras manos para lograrlo. Ayudar es un privilegio, agradezcamos la oportunidad de hacerlo cuando se nos presente.
Rescoldo
Sigo invitado a que se sumen a la colecta de ropa, calzado y despensa que hacemos en la Fundación para beneficiar a gente de extrema pobreza. Eso no reducirá significativamente la brecha social, pero sí ayudará mucho a alguien que lo necesita. Puedes llevar las donaciones al Centro de Acopio ubicado en Calle Chietla 305A La Paz. Igual puedes contactarme:
@RafaActivista
rafaactivista@gmail.com