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OPINIÓN

Trabajo, el gran reto en la migración

Ya es tiempo que se dé especial atención a las políticas relacionadas con los migrantes y refugiados

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Jueves, Julio 7, 2022

“Este no es el tiempo del olvido.
Que la crisis que estamos afrontando,
no nos haga dejar de lado, a tantas
otras situaciones de emergencia,
que llevan consigo el sufrimiento de
muchas personas”.
Papa Francisco, abril 2020

Hubo una noticia que estremeció al mundo. El pasado 27 de junio se descubrieron 48 cuerpos sin vida y otras 16 personas, incluyendo niños, en estado grave que posteriormente fueron trasladadas a hospitales donde murieron cinco más, lo que elevó la cifra a 53 muertos. Los migrantes se encontraban dentro de un camión con un remolque cerca de la Base de la Fuerza Aérea Lackland en San Antonio Texas en Estados Unidos. Las condiciones fueron extremas, similares a las que miles de migrantes se exponen: sin ventilación, sin refrigeración ni ventanas, además sin agua y con casi 40 grados centígrados de temperatura.

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Ha habido muchos casos más, pero este suceso en particular es el más mortífero de tráfico de personas en la historia reciente de los Estados Unidos. Las noticias mencionaban que 27 de los fallecidos eran mexicanos, entre ellos, dos poblanos de Izúcar de Matamoros, catorce hondureños, siete guatemaltecos y dos del Salvador; quienes representan a las miles de personas que buscando un lugar seguro, se han visto obligados a abandonar la propia casa y la propia tierra en Asia, África y las Américas.

Una realidad que a veces se desarrolla con la complicidad de las autoridades, por lo que diversas voces entre ellas la del Papa Francisco, han exhortado a enfrentar el reto de recibirlos y a responder el desafío de los migrantes y refugiados con el estilo de la humanidad (Papa Francisco, 2020).

El mes pasado se realizó la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, California, de la cual se derivaron situaciones urgentes de atender, como la de canalizar inversiones en proyectos productivos, ofrecer puestos de trabajo y abatir formas peligrosas e ilegales asociados a la migración. Lo que sucedió muestra la necesidad de combatir a los traficantes de migrantes, conocidos como “coyotes” o “polleros”, así como el crimen organizado.

También en junio viajamos a Suiza, a invitación del secretario general de la Comisión Católica Internacional para las Migraciones (ICMC), Mons. Robert J. Vitillo, para participar en un seminario coordinado por Ignacio Alonso Alasino, que se llevó a cabo en su sede de las Naciones Unidas en Ginebra. Esta organización ayuda en todos los aspectos, al reasentamiento de refugiados en todo el mundo y recibió el estatus consultivo del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) en 1952.

Con el lema Restoring, Dignity, Inspiring, Change, su labor había estado enfocada a servir a personas forzadas a abandonar sus hogares en búsqueda de libertad ante la persecución, la inseguridad frente a la guerra o al conflicto, o la oportunidad de un trabajo para superar la pobreza extrema o la amenaza de la trata de personas. Con la pandemia siguieron enfrentando los retos vinculados a la crisis mundial y han seguido trabajando con su personal y voluntarios con las Conferencias Episcopales nacionales, con organizaciones de inspiración católica y organizaciones de la sociedad civil, consolidando no solamente redes de asistencia, también incidencia pública a favor de políticas justas que abran nuevos futuros para las personas desarraigadas de todas partes del mundo.

En Puebla, hay experiencias relacionadas con esta comisión como las realizadas por el padre Gustavo Rodríguez Zarate, párroco que se distinguió por sus acciones comunitarias a favor de los migrantes. Fue coordinador de la Pastoral de la Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Puebla, destacándose como promotor del respeto a los derechos humanos de los migrantes que atraviesan nuestro país hacia los Estados Unidos. Toda su vida caminó con muchos grupos de migrantes indígenas y de grupos vulnerables.

Entre la variedad de temáticas a partir de las cuales se realizaron las sesiones del seminario, se habló de que la indocumentación constituye un freno total para hacer válidos los derechos de los migrantes. Tocar el tema de la migración es muy complejo y su discusión no siempre está dentro de los intereses internacionales puesto que existe una política controversial en lo relacionado al reto de la migración y de sus derechos.

Organizaciones de la sociedad civil, instituciones y organismos junto con el IMCM y sus redes globales de manera permanente, se preguntan: ¿Cómo le hacemos para hacer efectivos los derechos al trabajo, a la educación y a la salud en los migrantes, si en muchas partes del mundo tampoco son efectivos para los ciudadanos de cada país?

Es cierto que existen convenios para los refugiados, que sólo aplican para algunas situaciones de los migrantes, porque derivan de leyes normalizadas que limitan el ejercicio de sus derechos y la mayor parte de la población que se moviliza son migrantes y no adquieren el estatus de refugiados.   La migración por sí sola, se convierte en un problema de dignidad humana, empezando porque si no hablan el idioma de la comunidad destino, son presa fácil de la exclusión.

Por tanto, el ICMC intenta alzar la voz para que en la comunidad internacional se generen las condiciones de desarrollo en cada país de origen, con mecanismos y dispositivos financieros económicos que eviten la movilidad desorganizada.

Es indispensable, además, que el empleo tome en cuenta todas las garantías de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de tal manera que, si más del sesenta por ciento es informal, se requiere que mucho de este empleo sea reconocido como tal, porque existe un enfrentamiento entre el empleo reconocido y el empleo no reconocido. Ante la ausencia de trabajo no se puede detener la migración y tampoco, cuando se les emplea a los indocumentados como mano de obra de segunda. Todo el trabajo que realizan no se reconoce, porque la cadena de valor establecida no se visibiliza.

Por eso es tan importante que los acuerdos y declaraciones de la IX Cumbre de las Américas no queden en letra muerta, si no se emprenden acciones posteriores que contribuyan al logro de los objetivos a través de diversos mecanismos que velen por su cumplimiento. Ya es tiempo que se dé especial atención a las políticas relacionadas con los migrantes y refugiados y que la sociedad en general no olvide, que en algún momento y por diversas circunstancias, todos podemos ser migrantes.

Referencias
 ICMC (2020). Informe Anual 2020 de la Comisión Católica Internacional para las Migraciones http://www.icmc.net/2020/

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