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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Mipymes al impulso de la reconstrucción

La apuesta debe ser mejorar su entorno y el acceso a la financiación, los mercados y la tecnología

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Junio 28, 2022

En medio de una de las peores crisis que atraviesa la humanidad, marcada por rupturas políticas, sociales, económicas e incluso sanitarias y medioambientales, surge la pregunta sobre cuál debe ser el camino por tomar para salir avante de estas dificultades y reconstruirnos como sociedad.

Sin duda, la respuesta a esta interrogante es muy compleja e incluso no podría darse en un solo sentido. Sin embargo, hay factores en los que se debe poner la mira y priorizar su atención, debido a la incidencia que tienen en el mejoramiento de las condiciones de vida y el desarrollo sostenible.

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Uno de estos es el impulso a las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MIPYMES), las cuales más allá de caracterizarse por tener un número reducido de trabajadores (generalmente, menos de 250 personas) y un moderado volumen de facturación, realizan una contribución fundamental que trasciende el ámbito económico.

Dada su relevancia, fue que hace cinco años la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 27 de junio como su día, con el propósito de hacer conciencia sobre su aportación al desarrollo sostenible de las naciones, al ser factor clave en la reducción de la pobreza.

A nivel mundial, las mipymes representan más del 90 por ciento del total de las empresas, al tiempo que generan entre el 60 y 70 por ciento del empleo y son responsables del 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a nivel global, de acuerdo con el International Council for Small Business (ICSB).

Por su parte, en México hay más de 4.9 millones de mipymes, las cuales representan el 95 por ciento del total de todas las empresas en el país y contribuyen 52 por ciento al PIB anual. Así mismo, son responsables de generar el 72 por ciento de los empleos, según datos del INEGI.

Incluso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las califica como columna vertebral de la mayoría de las economías del mundo, ya que contribuyen al mantenimiento de los medios de subsistencia, en particular entre los trabajadores pobres y de zonas rurales, las mujeres, los jóvenes y los grupos en situaciones vulnerables.

Es por ello que no podemos perder de vista que estas empresas necesitan más apoyo que nunca para mantenerse e incluso evolucionar. Recordemos que las mipymes han sido de las más afectadas por los impactos de la pandemia, los conflictos e incluso por la crisis climática que nos amenaza.

Se estima que en 2020 poco más de un millón (20.81 por ciento) de mipymes cerraron sus puertas en el país a causa de la crisis provocada por el Covid-19.

Además de ello y derivado de su propia constitución, son varios los talones de Aquiles que les aquejan, uno de ellos es el acceso a financiación. Según el Banco Mundial, entre 200 y 245 millones de empresas, formales e informales, no tienen acceso a los préstamos bancarios que necesitan. De ellas, más del 90 por ciento son mipymes.

Asimismo, mientras en Europa la fracción de pymes que exportan su producción asciende al menos a 40% del total, en Latinoamérica solo cerca de 10% lo hacen, con base en datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Estos ejemplos nos permiten visualizar que, si bien las mipymes son componentes claves para el fortalecimiento de la sociedad, también son unidades débiles de la misma.

Es así que se necesita incrementar la eficiencia de las instituciones de apoyo para aumentar su productividad y competitividad, pero también se requiere una mejor articulación entre los actores políticos, sociales y económicos, que faciliten su desarrollo y, por ende, el de la calidad de vida de quienes menos tienen.

Hoy debemos apostar por dotar a estas empresas de las herramientas que las conviertan en más resistentes a futuros impactos. Para ello, se debe ir más allá de la recuperación y considerar formas de reducir y eliminar las barreras a las que se enfrentan, mejorar su entorno y el acceso a la financiación, los mercados y la tecnología.

Estoy convencido que, con la suma de esfuerzos de todos los sectores, las mipymes pueden acelerar la reconstrucción de esta sociedad tan lastimada, a través de su contribución al aumento de la productividad, así como al impulso de la innovación, la creatividad y el trabajo digno.

Hagamos equipo por esta causa que nos beneficia a todas y todos. Sigamos comprando local a las mipymes, pero apostemos a una visión global para las mismas. Pugnemos para que, desde todas las trincheras, se impulsen más programas de capacitación y fortalecimiento de estas empresas que coadyuvan a una sociedad más igualitaria y con mayores oportunidades de desarrollo para las familias.

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