Con una votación de 11,281,013 votos equivalentes al 50.44% del total de electores efectivos, Gustavo Francisco Petro Urrego, líder opositor de izquierda, exguerrillero, exalcalde de Bogotá y exsenador de Colombia junto a la lideresa social y activista ambiental Francia Elena Márquez Mina se alzan con el triunfo presidencial y la puesta en escena de un ambicioso proyecto político de justicia social y económica, de reivindicación de la diversidad cultural, de la unión social y la vida digna para los colombianos y colombianas: un escenario histórico tras décadas de gobiernos conservadores y tradicionales causantes hoy de desafecciones de una buena parte de colombianos(as) sumidos en pobreza y en violencia; hoy, Colombia alza la voz y apuesta todo a la posibilidad de transitar nuevas sendas y nuevos constructos políticos y sociales.
De larga data ha sido el camino de Gustavo Petro para hoy arribar a la Casa de Nariño: desde un activismo social y rebelde con las guerrillas urbanas del M-19 cuya génesis tiene su origen en el fraude electoral de 1970, donde ascendió como presidente a Misael Pastrana Borrero, y, que tras su proceso de desmovilización en el contexto de la Asamblea Constituyente de 1990 logró hacerse con una votación importante que le hizo partícipe en la elaboración de la Carta Política de 1991 que hoy rige al país, el tercer más poblado de América Latina. Posterior a esto, Petro asume diversos cargos de elección popular: concejal, diputado, alcalde de la capital de Bogotá y senador de la República; de forma que su trayectoria asistémica y sistémica hoy le dotan de un diagnóstico amplio y detallado de las realidades del territorio colombiano del que será el timonel en un mar harto vasto y portentoso.
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No menos importante, sin embargo, es la presencia de Francia Márquez, lideresa social y ambiental nata que desde muy joven y en un contexto de violencia estructural en el departamento del Cauca del que es oriunda, tomó los bastiones de lucha de un pueblo racializado, enajenado y empobrecido, azotado por el conflicto armado y la falta de oportunidades, ganadora del Premio Goldman (nobel ambiental) y quien ha encabezado diversas movilizaciones en contra de las locomotoras mineras ; hoy también en las urnas demuestra que no tiene miedo a la participación en escenarios de poder y a reescribir la historia de los nadies y las nadies en Colombia: de la diversidad, de la inclusión y de la puesta en escena de mujeres discriminadas y líderes(as) sociales y ambientales asesinados.
Así las cosas, el triunfo contundente de una nueva apuesta política en el país cafetero de una izquierda progresista Petro y Márquez inician una tarea titánica de impulsar transformaciones profundas en las dinámicas político e institucionales históricas sin perder de vista la democracia; algo inimaginable años atrás, en un país profundamente conservador y clasista.
Hay que decir entonces que, el proceso de colonización, despojo y negación sobre el cual se construyeron las repúblicas latinoamericanas y el modelo de desarrollo económico actual, sin ser Colombia una excepción, hoy más que nunca reclama, resignifica y promueve en resistencia el pensarse un proyecto de nación inclusiva, plural y multicultural en la praxis más allá de los estamentos y de los discursos. A lo sumo, hoy más que nunca nuevos sectores sociales (mujeres, ambientalistas, LGTBIQ+, etc.) están tomando protagonismo y se atreven a interpelar al poder tradicional no solo desde el discurso reivindicativo sino del “gobernar”.
Una cosa es clara en las alocuciones del Pacto Histórico tras hacerse legal y legítimamente con las riendas presidenciales:
“(…) Una política del amor: dignidad, paz, esperanza, diálogo, justicia social, unión, reivindicación de la diversidad, participación sin marginalización… Escribir una nueva historia para Colombia, para América Latina y para el mundo (…)”
Por tal, el pueblo colombiano decidió con contundencia y sin miedo, apostar por un nuevo horizonte para la política del país, un voto de confianza a una izquierda diezmada, reducida al conflicto armado y harto fragmentada en los escenarios de discusión pública. Hoy se evidencia que las voces de descontento y de rebeldía de una buena parte del país está lista para proponer constructivamente nuevas formas de relacionarnos y de administrar lo público.
Hoy entonces, los nadies y las nadies, la gente de a pie y de las manos callosas alzan sus banderas y abrazan la posibilidad de construir un país en paz, en justicia social y económica, en igualdad y pluralidad, en acceso a educación y oportunidades laborales; en síntesis, a vivir una Vida Digna, a soñar en futuros negados tras décadas de gobiernos enajenados de la complejidad territorial, social y cultural del país; a vivir sabroso.
En este tono, las expectativas son amplias y el reto de gobernar para todo un país claramente fragmentado es tamaño desafío que asume el primer gobierno de izquierda- progresista en Colombia de la mano de la primera mujer afrocolombiana. Lo que nos convoca entonces es, construir un país desde el disenso, desde la otredad, desde los antagonismos, desde los “otros” mundos posibles, tal como lo apostara nuestro Nobel de Literatura con sus mariposas amarillas:
“(…) Sin duda alguna, hoy se reviste ante nuestros ojos a favor o en contra, una verdadera “circunstancia política histórica”.