Hoy querido lector, no hablaré de política ni hablaré del presidente, ni de temas de la agenda pública. Hoy quiero hablarte de un tema que considero aún más importante: la autodefinición.
¿Cómo te defines a ti mismo? ¿Qué aportas a los demás? ¿Qué te han hecho creer de ti?
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Y es que este tema es de suma importancia no sólo como individuos sino con instituciones. ¿Cuál es nuestra propuesta de valor? Porque de esta manera somos capaces de saber qué es lo que realmente merecemos y de qué somos capaces; como te ves a ti mismo es cómo te verán las demás personas.
La inteligencia interpersonal significa entender quiénes somos, conocer nuestras habilidades, saber cómo actuamos, qué sentimos y qué metas queremos alcanzar.
Tuve hasta el día de hoy la oportunidad de colaborar con una Universidad. Llegué con un espíritu transformador, con ideas, proyectos y todo el ánimo de hacer crecer a la Institución. Conocí alumnos muy capaces y docentes de muchos estilos, modos y formas. Sin embargo, en ese ejercicio de autoconocimiento aprendí que los procesos de cambio y transformación son procesos que vienen de dentro; si no quieren ver, no les enciendas la luz porque al poner orden, al ver quiénes somos y dónde estamos, saltan cosas que no siempre estamos dispuestos a asumir.
¿Cuántas veces hemos querido que las demás personas “vean” lo mismo que nosotros?
Los cambios se gestan de dentro para afuera. Ninguna persona o institución puede crecer o cambiar si no está dispuesta a hacerlo y a cambiar los patrones que la han llevado al fracaso en el que vive.
Así que aquí les comparto mi aprendizaje de esta experiencia que suelto y ya no me pertenece. Si no quieren cambiar, no desgastes tu energía en esa tarea; si no quiere escuchar, no levantes la voz; si no quiere avanzar, no proporciones apoyo; los momentos de evolución de cada persona o institución no nos pertenecen.
Sé amorosamente egoísta, silenciosamente paciente, amigablemente distante.