Es un hecho de que a pesar de todas las normas y los lineamientos que se expiden para la protección de las niñas y los niños, en todos los ámbitos sociales el mayor desafío que enfrentamos es ¿qué tanto se llevan a cabo? En esta semana, los niños y las niñas son el centro de atención, pero, ¿estamos educando para prevenir la violencia?, ¿se concreta la equidad de género en las familias, en las escuelas y en la sociedad en general?
Hace poco participé en el Seminario Primera Infancia, realizado como parte del proyecto de Comunidades de Aprendizaje promovido por Vía Educación A.C. en donde se comentó el material Equidad de Género y Prevención de la violencia en Preescolar, editado por la SEP en colaboración con el Programa Universitarios de Estudios de Género de la UNAM, cuyo propósito fue el de buscar mediante conceptos, ejemplos y propuestas provenientes del campo de los estudios de género, propiciar la reflexión de las y los docentes, así como movilizar capacidades, habilidades y actitudes que les facilite capitalizar la experiencia para contribuir a la construcción de una escuela libre de estereotipos y violencia de género.
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A partir de ciertas preguntas, se inicia la reflexión necesaria: ¿cómo se aprende a ver el mundo y cómo participa la cultura en nuestra visión del mundo?, ¿qué es y cómo se genera la violencia hacia los niños y las niñas?, ¿cómo podemos ver con los lentes de género? ¿cómo crear condiciones de igualdad para niños y niñas?
Se parte de la idea de identificar el género. Según Piñones (2005) es un término que hace referencia a la fabricación cultural e histórica de lo femenino y masculino, que se define como el conjunto de prácticas ideas y discursos relativos a la femineidad y a la masculinidad, que determinan el tipo de características consideradas socialmente como masculinas y femeninas, así como los comportamientos ligados a esas categorías y a las atribuciones sociales que se hacen a uno y otro sexo, involucrando relaciones de poder y desigualdad.
Por lo anterior, el papel del docente es fundamental, puesto que tiene que ver con nuestras propias ideas de género y cómo influyen en nuestra práctica docente cotidiana, porque los atributos y estereotipos de género reconocidos y reproducidos socialmente han demostrado que las ideas de los femenino y masculino se construyen a través del tiempo y de las diferentes culturas, por lo que pueden convertirse en camisas de fuerza y obstáculos para el desarrollo y logro de proyectos de vida.
La desigualdad, la diferencia y la polarización subyacen en las ideas prevalecientes sobre lo femenino y lo masculino, donde generalmente existe devaluación de lo femenino y la subordinación de las mujeres desde pequeñas, por eso es necesario señalar la oportunidad de que los espacios escolares pueden convertirse en espacios para el cambio, a pesar de las condiciones que prevalecen en muchos contextos donde aún los estereotipos, roles y sesgos de género así como las prácticas sexistas se repiten, transmiten y refuerzan en las familias en las que viven nuestros alumnos.
Por eso es fundamental que los docentes reflexionemos y aprendamos cómo funcionan, se transmiten y refuerzan los estereotipos de género, comprender qué son, cómo actúan, cómo cada quien hemos interiorizado los estereotipos de género y los hemos incorporado a nuestra subjetividad, por lo que hay que detectarlos y modificarlos. Una estrategia propuesta es la de realizar nuestra propia historia de género para así establecer las mejores relaciones con nuestros alumnos.
También hay que detectar la violencia de género, por la gran responsabilidad que implica, no sólo para la escuela, también para las familias, porque esta violencia se fundamenta en relaciones de dominación y discriminación por razón de género a partir de definiciones culturales, donde lo femenino y masculino se entienden de manera desigual y jerárquica. Esto incluye maltrato físico, amenazas, coerción o privación de la libertad, que tiene como consecuencia el daño o sufrimiento físico, sexual y psicológico para la mujer y el hombre, por el solo hecho de serlo (INMUJERES-PNUD, 2008).
Estas formas de violencia también afectan a los niñas y niños ya sea de manera directa o indirecta; directa cuando existen evidencias de violencia y maltrato infantil e indirecta, cuando tiene consecuencias para el desarrollo integral de niños y niños por atestiguar violencia en sus hogares y/o entornos. El material hasta ahora descrito es de una gran riqueza, especialmente porque contiene pistas para actuar en el aula, especialmente cuando existen investigaciones, normas, lineamientos, informes sobre la necesidad de atender estos aspectos, pero en la práctica, las estrategias para apoyar su reflexión e implementación son escasas.
En el Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y las Niñas (ONU, 2006), que incluyó los ámbitos o entornos en los que transcurre la niñez y en los que se produce violencia, tales como el hogar y la familia, la escuela, los sistemas de protección y de justicia, el lugar de trabajo y la comunidad, se describen diferentes experiencias de violencia que sufren los niños y niñas, donde se evidencia que ciertas formas de violencia son comunes en todos los entornos. El castigo físico y otras formas de castigo cruel o degradante son empleados por padres y madres y otros miembros de la familia en el hogar; por los responsables del cuidado y protección de los niños y niñas en instituciones, por educadores en las escuelas y a niños y niñas en conflicto con la ley.
El abuso sexual, la violencia física y psicológica y el acoso sexual, son formas de violencia que tienen lugar en todos los entornos, especialmente cuando la ampliación de la investigación en las ciencias neurobiológicas, sociales y del comportamiento ha generado una comprensión mucho más profunda de la importancia de las experiencias vividas durante la niñez en el desarrollo del cerebro y del papel central de las relaciones tempranas en el desarrollo saludable de éste.
En esa investigación se indica con claridad la importancia del lazo positivo o apego del niño o niña a sus progenitores y demuestra que cuando no existen relaciones de protección, la exposición al estrés que provoca la violencia puede afectar al sistema nervioso e inmunológico en desarrollo, provocando mayor riesgo de sufrir problemas de salud física y mental.
Está bien que se dedique esta semana a las niños y niñas, que se les hagan festivales, regalos y se difunda lo maravillosa que es la niñez, pero lo anterior debe de acompañarse de esfuerzos sistémicos sociales para prevenir y responder a la violencia y a la violencia de género contra los niños y niñas, así como visibilizar la violencia cuando sea necesario, porque si no se visibiliza es inexistente y por tanto, existe la imposibilidad de intervención para prevenirla, erradicarla y sancionarla.
Nuestro sistema de impartición de justicia sigue enfrentando grandes retos porque se carece de perspectiva de género y no está especializado en los derechos de la niñez, por eso hay que proteger y fomentar una crianza feliz y segura, sin olvidar que el interés superior de la niña y del niño debe ser siempre, la consideración prioritaria.
Referencias
INMUJERES (2008) Violencia en las relaciones de pareja. Resultados de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de relaciones en el hogar 2006. México
ONU (2006). Informe Mundial sobre la Violencia contra los niños y las niñas.
Piñones, P. (2005) La Categoría de género como dispositivo analítico en educación en Memoria del Primer Foro Nacional Género en Docencia, Investigación y Formación Docente, México.
SEP (2009) Equidad de género y prevención de la violencia en preescolar.