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      Retos del regreso a clases presenciales

      Martes, Abril 19, 2022
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      Garantizar una educación de calidad deberá ser el objetivo para afrontar la nueva normalidad
      Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 
      Retos del regreso a clases presenciales

      Después de que la pandemia por Covid-19 obligara a las instituciones educativas de todos los niveles a cerrar sus puertas por más de dos años y se instaurara un modelo virtual o híbrido, parecería que el regreso a clases cien por ciento presenciales en el país por fin está cerca.

      Ya son más de una decena de estados en México que han implementado un regreso escalonado a clases presenciales en el país y Puebla no es la excepción, ya que se anunció que después de las vacaciones de Semana Santa las y los alumnos de todos los niveles deberán regresar en su totalidad a las aulas, dejando atrás las clases a distancia. La fecha marcada por las autoridades educativas para el tan anhelado regreso a las escuelas es el próximo lunes 25 de abril.

      Y es que para los más de 33 millones de estudiantes que hay en el país, el permanecer en modalidad virtual o híbrida por más de dos años ha representado importantes pérdidas que conllevan ahora el desafío de tener que emprender estrategias para resarcirlos.

      Queda claro que nadie estaba preparado para el reto de vivir una pandemia y mucho más por las propias condiciones que impuso el virus a la sociedad en general, sin embargo, uno de los sectores más afectados ha sido educativo y con él se ha generado un efecto dominó en un sinfín de condiciones para el desarrollo.

      De acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) la experiencia a nivel internacional ha demostrado que un cierre prolongado de escuelas puede afectar negativamente a toda una generación en el corto, mediano y largo plazo, provocando pérdida de conocimientos y habilidades que, en el caso de México, se suma a una crisis de aprendizajes ya existente antes de la pandemia. 

      Según la evaluación PLANEA 2018, casi el 80 por ciento de los alumnos y las alumnas de primaria del país no alcanzaban los aprendizajes esperados en comprensión lectora y matemáticas, rezagos que se habrán visto agudizados durante el cierre prolongado de escuelas.

      Desafortunadamente, estos indicadores enmarcan problemáticas que atentan contra el derecho humano fundamental a la educación, así reconocido en el artículo 3° de la Carta Magna de nuestro país, la cual enmarca que además de tener un carácter obligatorio, debe ser de calidad.

      Basta apuntar que en México se presentan severas limitaciones para que la población pueda tener acceso a las clases a distancia, iniciando porque no todos los hogares cuentan con dispositivos electrónicos como lo es una computadora o una tableta electrónica, aunado al desigual acceso a internet.

      A estas complicadas condiciones de conectividad se suman factores como el incremento de la deserción escolar. Según la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación del INEGI, alrededor de 1.5 millones de niños, niñas y adolescentes entre 3 a 18 años no se reinscribieron en el ciclo escolar 2020-2021 por causas relacionadas con la pandemia.

      Sin embargo, éste no es un problema aislado, sino por el contrario es la antesala de temas muy complejos para la infancia, como lo es propio trabajo infantil.

      De acuerdo a la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI), en el 2019 había en México 3.3 millones de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años laborando, cifra que con la pandemia creció a 3.5 millones.

      Y es que se debe tener presente que la educación es además un derecho social de segunda generación, lo cual significa que es indispensable para garantizar condiciones de vida digna a todos los seres humanos por el simple hecho de serlo.

      Es por ello que el que los estudiantes no hayan podido ir por más de dos años a las aulas pone en jaque no solo a las condiciones de aprendizaje y a la calidad educativa, sino a las expectativas de una mejor vida para miles y miles de mexicanos.

      De acuerdo con el Banco Mundial, los estudiantes con menos aprendizajes se convierten en trabajadores con menos habilidades y por lo tanto con grandes limitantes para acceder a empleos mejor pagados por no ser considerados tan productivos.

      Cabe destacar que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que en los próximos 80 años este fenómeno le podría costar a México un monto acumulado de hasta 3.4 billones de dólares equivalente al 136 por ciento del PIB de 2019.

      Hoy que por fin se vislumbra el regreso a clases presencial. Todos los sectores debemos hacer equipo para afrontar los grandes retos que se avecinan, el principal de ellos es abatir el rezago con una educación de calidad al alcance de todas y todos los niños de México.

      No se trata sólo del gobierno o del sector educativo, todas y todos debemos poner a este derecho fundamental en el centro de nuestras acciones, ya que garantizar una educación de calidad es la clave para que se puedan ejercer mejor todos los otros derechos y con ello que las y los mexicanos podamos vivir mejor y estar preparados para afrontar los importantes retos que se avecinan en la nueva normalidad.

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