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OPINIÓN

Dos años del COVID-19 en México (II)

La pandemia nos afronta ante el reto de sumarnos para acortar la brecha de desigualdad en el país

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Marzo 8, 2022

La semana pasada detallaba algunos de los cambios que la pandemia ha provocado en nuestra vida, a dos años de haberse realizado el anuncio oficial del primer caso positivo de COVID-19 en México. Hoy, en esta edición, doy seguimiento al recuento y me adentro al reto que deja abierto este momento histórico en el país. 

Además del uso “obligatorio” de cubrebocas, gel antibacterial, sana distancia, actividades al aire libre, así como el incremento del comercio electrónico, uno de los principales cambios que ha dejado el virus ha sido en la manera de trabajar.

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Ante la pandemia, diversas empresas emprendieron un esquema emergente de “home office” para muchos de sus colaboradores, el cual a la fecha sigue siendo una realidad para varios sectores que continúan teniendo determinado porcentaje de su plantilla en este esquema.

Al respecto la firma KPGM vaticina que al menos 6 de cada 10 empresas mantendrán esta modalidad; sin omitir que hay otra parte que ha tenido que regresar de manera presencial o al menos híbrida a las labores.

En este sentido, es importante mencionar que incluso en nuestro país este esquema laboral tuvo que ser regulado a través de una nueva Ley sobre Teletrabajo, la cual se publicó en el Diario Oficial de la Federación y entró en vigor en enero de 2021. 

Uno de los mayores cambios que hemos visto en esta pandemia es el salto en la llamada brecha digital, la cual se acortó para muchos sectores, aunque tampoco escapa que en la realidad de nuestro país esto ha sometido al rezago a muchos otros que no tienen acceso a la tecnología, ya sea por falta de conexión a internet o uso de dispositivos.

A la fecha, el más mínimo de los trámites se realiza on line o más aún, el tener acceso a la propia educación. Muchas instituciones educativas siguen operando en un modelo híbrido que permite que parte de sus estudiantes, e incluso profesores, se conecten para tener y dar clases.

Tan solo la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2020 reveló un aumento de 1.9 puntos porcentuales respecto a 2019, cuando el 70.1% de los mayores de seis años usaba internet, es decir 80.6 millones de personas.

La salud mental es y seguirá siendo un gran tema de discusión y no sólo por el temor que existen en algunas personas a contagiarse en su interacción con otros o por visitar ciertos lugares, sino sobre todo por las secuelas del long covid, entre las que destaca la niebla mental. Este padecimiento subsiste por varios meses en muchos de quienes se han contagiado con el virus, por lo cual basta tener presente que de acuerdo a las cifras oficiales más de 5 millones 506 mil personas en el país se han visto afectadas por la enfermedad.

Sin embargo, a pesar de esta “normalidad” hay algo a lo que jamás podremos acostumbrarnos y es a vivir sin algún familiar o ser querido, ya que el mayor de los estragos que dejó la pandemia fue que se llevó la vida de más de 318 mil personas, acorde a los números oficiales.

Tampoco nos es ajeno que esta coyuntura sanitaria se convirtió en una crisis económica que ha colocado a muchos sectores en su posición más vulnerable. Tan sólo el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que a raíz de la pandemia y por motivos económicos, 5.2 millones de niños, adolescentes y jóvenes entre los 3 y 29 años de edad no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021.

Es así que, tras haber vivido cuatro olas, en las que el virus mutó en variantes como la Alpha, Beta, Gamma, Delta, Ómicron e incluso las subvariantes de esta última, podemos visualizar que la manera de ser y estar en el mundo ha dado un vuelco de 180 grados.

Algunos apuestan sus esperanzas a la versión de que subvariantes como Ómicron BA.2 son menos letales y nos permitirán alcanzar una “pared inmunológica” para coexistir con el virus, mientras otros especialistas visualizan que ésta es tan solo una de tantas, menos, igual o más contagiosa que las anteriores, así como menos, igual o más letales que las anteriores.

Lo cierto es que no se puede predecir cuántas mutaciones más tendrá el virus y que tan peligrosas y contagiosas serán estás. Por ejemplo en últimas fechas en Hong Kong ha habido saturación de enfermos en hospitales y de cadáveres en la morgue a causa del BA.2, lo que nos lleva a pensar que es imposible predecir qué vendrá más adelante.

Es por ello que hoy tenemos que ver el futuro como una oportunidad de llevar a la práctica todo lo aprendido en estos dos primeros años, para evitar caer en errores del pasado. El gobierno tendrá que hacer lo conducente a través de la firma de convenios para hacer más accesibles las vacunas, pero también para aumentar la investigación en enfermedades infectocontagiosas.

Tendremos que seguir lidiando con las medidas de prevención, así como con aprender a fortalecer nuestro sistema inmunológico, ya que nuestras propias defensas son y continuarán siendo la mejor medida de protección.

Y muy importante, todas y todos, tendremos que hacer equipo para enfrentar el incierto futuro. No podemos seguir viviendo en un país dividido, tenemos que trabajar unidos, unos con otros, ya que lo que hasta ahora nos ha dejado la pandemia nos afronta ante el reto más grande de nuestra vida, en la que acortar la brecha de desigualdad reclama el trabajo conjunto de todos aquellos quienes amamos a México y a su gente.

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