Las causas de la invasión a Ucrania pueden explicarse a tres niveles: el internacional, el político doméstico, y el histórico-cultural. A nivel internacional, Rusia ha tenido una creciente rivalidad geopolítica y militar con la OTAN desde los años noventa. A nivel nacional, Putin tiene el interés de conservar su poder político y de mantener a su país unido. Rusia es una “nación de naciones”, y es probable que sus líderes teman que, si Ucrania toma un modelo económico y político occidental, otros pueblos al interior de Rusia sigan el mismo camino. Finalmente, hay lazos históricos y culturales fuertes entre ambas naciones y Rusia teme perder su influencia sobre una nación hermana.
El primer nivel, el internacional, tiene muchas aristas. Rusia ha sufrido varias invasiones a través de Europa del Este, que geográficamente permite el movimiento rápido de tropas y material militar pesado. Las planicies de Europa del Este facilitaron que Rusia fuera invadida por Polonia en 1605, Suecia en 1708, Francia en 1812, y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial en 1941. Asimismo, el territorio favoreció que Rusia tomara el este de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. En dicho conflicto, la extinta URSS, que por cierto incluía a Ucrania y a los países bálticos, perdió por lo menos 20 millones de personas —equivalente a casi toda la zona metropolitana de la Ciudad de México. Es difícil para nosotros comprender la huella que una experiencia así puede dejar en la memoria colectiva.
Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, la OTAN y la Unión Europea se extendieron en Europa del Este, hasta incluir a todos los miembros que pertenecían al Pacto de Varsovia—la extinta alianza militar liderada por la URSS. El Estado ruso se sintió amenazado por la expansión de la OTAN, que llegó hasta sus fronteras, y mostró su desacuerdo a través de medios diplomáticos, a pesar de que EE.UU. y los europeos aseguran que dicha alianza es estrictamente defensiva.
Además, Ucrania es importante estratégicamente. A lo largo de su historia, Rusia ha buscado la salida a mares cálidos; es decir, que no se congelen durante el invierno, y Ucrania tiene puertos importantes en el Mar Negro. Por esta razón, Rusia anexó la península de Crimea en 2014, donde se ubica el puerto de Sebastopol, la principal base naval rusa en el Mar Negro.
La dinámica política en Rusia también es una causa fundamental de la invasión. Putin lleva más de dos décadas en la cúspide de la política, ha aplastado a sus rivales con la fuerza del Estado. Por ejemplo, Alekséi Navalni, un líder de oposición que sobrevivió a un intento de asesinato y se encuentra en prisión.
La literatura de Ciencia Política indica que los regímenes autoritarios son más propensos a cometer agresiones internacionales. Al encontrar un enemigo externo, un líder autoritario puede distraer a la población de los problemas domésticos y las deficiencias de su gestión. De esta forma, el líder unifica a la nación ante una supuesta “amenaza inminente”. Muchos analistas europeos y estadounidenses aseguran que ésta es la principal—o la única—causa de la invasión de Ucrania y el actual militarismo ruso.
Finalmente, está el nivel histórico y cultural. Ambas naciones tienen una historia compartida y, hasta cierto punto, una identidad en común. Son naciones de origen eslavo, y Kiev fue el centro político más importante del mundo eslavo en el siglo XI, incluso antes del auge de Moscú. Más recientemente, Ucrania fue parte de la URSS, y hoy en día existen muchos vínculos culturales como matrimonios y familias binacionales. En las últimas décadas, Ucrania parece haber consolidado una identidad nacional propia, y una parte de su población desea seguir el modelo europeo de desarrollo, basado en el libre comercio con la Unión Europea y en la democracia liberal. Rusia se ve a sí misma como líder de los países eslavos, y eso explica que el Estado ruso quiera impedir que Ucrania se separe en lo político, económico, e incluso cultural.
Quiero dejar claro que una explicación no es una justificación. Es importante entender el contexto y las causas de la invasión; sin embargo, también se debe condenar este acto de agresión, de flagrante violación a la soberanía, y del uso de la fuerza letal.
México debe oponerse a la invasión de Ucrania y contribuir a un orden mundial que proteja a las naciones pequeñas y medianas frente a las grandes potencias.