A Caperucita le picó una abeja en el brazo.
La culpa era del inefable lobo.
La culpa era del camino lleno de lobos.
La culpa era del hambre y la rabia de los lobos.
Durante días, se mandó a muchos cazadores para controlar a los lobos.
Murieron muchos lobos.
La emergencia era por la culpa de los caninos.
¿Pero quién lo determinó así?
Muchos lobeznos murieron de hambre, pero no importaba, porque gracias a una abeja, la población de lobos se había controlado.
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El que domina la razón siempre tendrá la razón, razón del ser humano, lejos siempre del lobo.
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