El pasado martes 9 de noviembre, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador participó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas donde presentó propuestas, en la discusión de alternativas para un mundo más seguro y pacífico.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad internacionales, de acuerdo con el Artículo 24 de la Carta de Naciones Unidas, donde también señala, que todos los miembros de la ONU convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad, y durante este mes, México preside dicho Consejo.
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Sin duda, participar en este foro es una oportunidad para hablar de los temas que ocupan la agenda internacional en los ámbitos de seguridad y desarrollo, y el presidente lo aprovechó dejando claro desde el inicio su postura en pro de la paz.
“No vengo hablar de seguridad como sinónimo de poderío militar ni como argumento para el empleo de la fuerza contra nadie, mi planteamiento se basa en lo que postuló ese titán de las libertades, según Pablo Neruda, que fue el presidente Franklin Delano Roosevelt cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas: el derecho a una vida libre de temores y miserias, que sigue siendo el más sólido fundamento de la seguridad para todas las sociedades y los Estados”.
Entre las ideas que destacó, recordó que “la política se inventó entre otras cosas, para evitar la guerra…Venimos a las Naciones Unidas a hablar de la paz y la paz es fruto de la justicia”.
Además de señalar a la corrupción como el mal que aqueja al mundo, propuso instaurar un Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar que garantice el derecho a una vida digna a 750 millones de personas que viven en condiciones de pobreza, ya que “si los pueblos tienen resueltas sus necesidades básicas, como trabajo, alimentación, vivienda, educación y seguridad social, entonces hay paz y tranquilidad”.
La propuesta de México para establecer el Estado mundial de fraternidad y bienestar se financia con un fondo procedente de al menos tres fuentes: El cobro de una contribución voluntaria anual del cuatro por ciento sobre los ingresos de las fortunas de las mil personas más ricas del planeta. Una aportación similar por parte de las mil corporaciones privadas más importantes por su valor en el mercado mundial. Y una cooperación del 0.2 por ciento del PIB de cada uno de los países integrantes del Grupo de los 20.
De cumplirse esta meta de ingresos, el fondo podría disponer anualmente de alrededor de un billón de dólares, que serviría para sacar de la pobreza a los 750 millones de personas.
Los acuerdos internacionales requieren de fondos para hacer realidad la mayoría de sus objetivos y esos deben provenir de países más desarrollados; lo interesante es que algunas de estas ideas ya se están implementando, como los fondos europeos para pagar por las políticas de cambio climático en África, o los impuestos mínimos a las corporaciones para evitar los paraísos fiscales, entre otros.
La causa de las inestabilidades globales es la creciente desigualdad entre los países, y disminuir esa brecha será un factor determinante para un desarrollo más equitativo que nos conducirá a sociedades más justas y por tanto más pacíficas.
Aún queda un largo camino por recorrer. Actitudes como el egoísmo y la ambición han arraigado la corrupción que nos impiden construir sociedades más justas. Debemos regresar a nuestra esencia, fomentar el respeto, la solidaridad y la fraternidad, que nos permitan apoyar a los más desfavorecidos, estableciendo condiciones más justas entre las personas y encaminarnos a encontrar la paz que tanto anhelamos.