Los hábitos alimenticios adecuados representan la diferencia entre la vida y la muerte, tratándose del consumo de alimentos procesados y bebidas azucaradas. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional de Salud Pública, el mexicano promedio toma 163 litros de refresco al año. Esta cantidad es 45 litros mayor que la del estadounidense promedio y 7.3 veces más que el promedio mundial.
Como país, México es el campeón en el mundo en el consumo de refrescos y bebidas azucaradas. Asimismo en nuestro país, más de 400 mil personas mueren al año por obesidad; y es por eso que debemos hacer la reflexión de que toda ingesta de alimentos y azúcares debe ser con moderación, llevar una dieta equilibrada, y hacer ejercicio, ya que, tomando estos aspectos con responsabilidad, al final se puede tener una buena salud.
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Es una realidad que nada tiene que ver con una discusión ni política, ni electoral, ni partidaria, tiene que ver con la vida o la muerte; y que, ante hechos inevitables, ante circunstancias con textos diagnósticos científicos irrefutables, debemos tomar medidas de manera urgente, donde la Secretaría de Salud y la de Educación Pública debe reforzar campañas y talleres de difusión y concientización sobre los hábitos de consumo adecuados para lograr una alimentación balanceada.
Y un dato más: México, considerando que las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en el país con 101,346 muertes en 2018, según estimaciones de la Red de Colaboración Mundial sobre la Carga de Morbilidad y el 5.82 por ciento de los casos fatales por cardiopatía coronarias, se deben al consumo de productos con ácidos grasos trans.
Hay que recordar que la mayoría de las grasas trans se forman a través de un proceso industrial que añade hidrógeno al aceite vegetal, lo que hace que el aceite se vuelva sólido a temperatura ambiente. Una dieta cargada de grasas trans aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, la principal causa de muerte de los adultos.
El 14 de mayo de 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un conjunto de medidas para eliminar los ácidos grasos trans de producción industrial (AGTPI) del suministro mundial de alimentos. Este conjunto de recomendaciones de política pública, llamado REPLACE por sus siglas en inglés, forma parte de las 16 intervenciones prácticas y costo-efectivas que, si son implementadas globalmente, pueden salvar 10 millones de vidas hacia el 2025 y prevenir 17 millones de accidentes cerebrovasculares e infartos hacia el 2030.
En el Senado ya se trabaja en ese contexto de prevención ya que Margarita Valdez, legisladora de Morena, presentó un Proyecto de Decreto por el que se adiciona el artículo 216 bis a la Ley General de Salud con la finalidad de que los aceites y grasas comestibles, así como los alimentos y bebidas no alcohólicas, eviten en su composición y en su presentación para venta al público, aceites parcialmente hidrogenados.
El compromiso es coadyuvar a generar condiciones para que las y los mexicanos contemos con mejor calidad de vida a través de una alimentación saludable; por lo que es importante saber que la forma manufacturada de la grasa trans, conocida como aceite parcialmente hidrogenado, puede encontrarse en una variedad de productos alimenticios, incluidos productos horneados, como pasteles, galletas y tartas, palomitas de maíz para microondas, pizza congelada, masa refrigerada, como galletas y panecillos, frituras, incluidas las papas fritas, rosquillas y pollo frito, crema para café sin lácteos y margarina en barra.