¡Aguas con las aguas!

Martes, Septiembre 14, 2021 - 06:09

Las expresiones de la furia de la naturaleza pueden ser preludio de una crisis sistémica del clima

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Durante las últimas semanas he venido insistiendo en el tema del calentamiento global y su impacto en el comportamiento del clima. Apenas la semana pasada comentaba que la furia de la naturaleza estaba ocasionando desastres en los lugares menos pensados y que septiembre sería un mes muy intenso. Y efectivamente, así fue.

Primero las imágenes de las calles y avenidas de Ecatepec convertidas en ríos de aguas negras. Luego un sismo de 7.1 grados en las costas de Acapulco, justo el 7 de septiembre, como hace cuatro años. Casi al mismo tiempo, el desbordamiento del Río Tula, las inundaciones en el Valle del Mezquital y la tragedia en el Hospital 5 del IMSS. Inmediatamente después, el huracán Olaf, que causó estragos en Baja California Sur y en las costas de Sinaloa y Michoacán. Luego, el desgajamiento del cerro del Chiquihuite. Y para rematar, la tormenta tropical Nicholas, que amenaza con convertirse en huracán y golpear el norte de Tamaulipas.

Tal parece que la naturaleza ha decidido expresar su malestar un día sí y el otro también. Y que nosotros seguimos empeñados en pensar que se trata de fenómenos atípicos y repetir, una y otra vez, que lo peor ya pasó y que después de la tormenta vendrá la calma. Pero ¿y si esto no fuera así? ¿Y si lo que estamos viendo ya no fueran simples fenómenos aislados, sino, más bien, una reacción en cadena de fenómenos naturales en la que un desastre alimenta al siguiente? ¿Y si estamos llegando a un punto de crisis sistémica de los equilibrios climáticos?

De acuerdo con la teoría general de sistemas, un sistema es un conjunto de elementos que interactúan. Una crisis sistémica ocurre cuando el sistema en su conjunto entra en crisis, es decir, cuando su propia dinámica genera inestabilidad, llegando al punto en que, ante su incapacidad de autocorregirse o resolver los problemas, el sistema colapsa y deja de funcionar.

Esto es válido para cualquier sistema, ya se trate de un sistema artificial, como por ejemplo un sistema operativo de cómputo, un sistema político o económico; o bien, un sistema natural como, por ejemplo, un sistema fisiológico o climático. En todos los casos, es posible hacer una representación de la realidad mediante la identificación de sus características, funciones y comportamientos sistémicos, hasta poder inferir un conjunto de leyes que nos permitan formalizar y modelar la dinámica de su comportamiento.

Ahora sabemos que la actividad humana ha alterado muchas de sus interacciones, modificando el “estado” del sistema, es decir, modificando los puntos de equilibrio medio, particularmente, la temperatura. La acumulación excesiva de gases de efecto invernadero ha generado un aumento de la temperatura media del planeta, lo que, a su vez, ha generado el derretimiento de glaciares, la salinidad del mar y el aumento de su nivel. Alterando así el comportamiento del clima.

Y si, como todo sistema, el climático se vuelve demasiado inestable, llegará a un punto en el que sea incapaz de autocorregirse, lo que provocará una reacción en cadena de eventos que lo sobrecargarán hasta colapsar. Una crisis sistémica no admite acciones paliativas. La única manera de evitar el colapso es mediante una intervención a nivel estructural, rápida y contundente, que permita estabilizar el comportamiento de cada uno de los elementos que integran el sistema.

El problema es que, cuando se trata del sistema climático estamos hablando de magnitudes de intervención a escala global. De una suerte de “reseteo” que nos permita replantear el impacto de la actividad humana en el sistema climático. Objetivo que exige un alto grado de cooperación y coordinación, difícil de lograr en el corto plazo. Por eso, durante años, nos hemos concentrado en aplicar sólo acciones paliativas asociadas a la prevención, el manejo de riesgos y las acciones de adaptación.

Sin embargo, yo creo que el tiempo se agota. Las frecuentes expresiones de la furia de la naturaleza pueden ser el preludio de una crisis sistémica del clima. Y si esto es así, todos estaríamos en riesgo.