Respecto al tema del regreso a clases presenciales, coincido en que el debate no se debe centrar en si las niñas, niños y jóvenes deben o no regresar ya a las aulas, sino en cómo lo deben hacer, es decir, qué medidas preventivas se deben tomar para lograr un regreso lo más seguro posible. Sobre todo, tomando en cuenta que el 30 de agosto todavía estaremos muy cerca del pico de esta tercera ola de contagios por Covid.
En varias ocasiones he insistido en que, con la aparición de nuevas variantes del virus, más resistentes y letales, las expectativas en torno a un posible regreso a la normalidad se han venido desdibujando, al grado que los expertos aseguran que, de plano, más vale iniciar un amplio proceso de adaptación y aprender a vivir con el virus.
Más artículos del autor
Algunos afirman que, si todo va bien, es probable que este año los países desarrollados puedan superar la emergencia, en tanto que las economías intermedias, como la nuestra, lo harían en 2022. El problema serán los países pobres que, seguramente, seguirán en estado de alerta por un par de años más. Lo que, a final de cuentas, nos obligará a todos, a mantener la guardia en alto, es decir, a vivir con el Covid una vez que se convierta en una enfermedad endémica, como la influenza.
Pero si las cosas no van del todo bien, es decir, si continúan apareciendo nuevas variantes que logren escapar a la inmunidad proporcionada por las vacunas, el virus seguirá provocando nuevas oleadas de contagios y campañas permanentes de refuerzos de vacunación. Lo que nos obligaría a aprender a vivir en estado de alerta por varios años más, no solo porque va a costar más trabajo y tiempo contener las nuevas variantes, sino porque no sabemos hasta dónde pueda evolucionar ni si la ciencia será capaz de descubrir una cura eficaz que le ponga fin a esta carrera.
Desde esta perspectiva es que debemos evaluar la conveniencia del regreso a clases presenciales. Sea uno u otro el escenario, lo cierto es que mientras no logremos contener al virus a escala global -es decir que dos tercios de la población mundial sea inmune- todos tendremos que hacer un gran esfuerzo de adaptación. No queda de otra.
Además, después de tantos meses de encierro, ha quedado plenamente demostrado que la falta de convivencia social ocasiona un enorme daño psicológico en los menores y que el modelo de clases a distancia no fue tan exitoso como se pensaba. Diversos especialistas han alertado que, en caso de continuar con este esquema, existe la posibilidad de perder a toda una generación, desde el punto de vista educativo.
Me queda claro que las madres y padres de familia quieren que sus hijos regresen a clases presenciales ya, aunque no a cualquier costo. Por ello, la mejor estrategia para regresar a las aulas consiste en informar de las medidas y protocolos que se aplicarán en cada escuela. Y justamente, existe una vasta experiencia internacional que se puede aprovechar para garantizar un retorno bien organizado y seguro.
En este punto, es muy importante tener en cuenta las condiciones particulares de cada escuela y de cada localidad. No es lo mismo regresar a las aulas en una comunidad rural que en una urbana, o en una escuela con aulas bien ventiladas que en una con salones sin ventanas. Además, recordemos que un alto porcentaje de planteles públicos que estuvieron abandonados por meses no se encuentran en las mejores condiciones para recibir a las y los alumnos de vuelta. Muchos requieren reparaciones y adecuaciones profundas (7% a nivel nacional y 15% en la CDMX, según diversos reportes).
Pero, además, será necesario garantizar la disponibilidad de cubrebocas para las y los alumnos, una logística de horarios escalonados, así como esquemas de rastreo, pruebas de detección y manejo de escenarios de cuarentena a nivel comunitario. Y en esta labor de organización y difusión de información clara y precisa, las autoridades estatales y municipales -en estrecha coordinación con los maestros y padres de familia- deberán jugar un papel fundamental.