Ha sido un inicio de semana complicado para México, incluso en su mañanera el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo: “No fue un buen fin de semana”. Y es que la tercera ola de la pandemia sigue cobrando vidas, el paso del Huracán Grace dejó a muchas familias damnificadas, la explosión en la plataforma de Pemex tuvo como consecuencia varias personas heridas, además de la crisis económica, el empleo precario, la deficiencias cada vez más evidentes en los sistemas de salud, la falta de infraestructura, la violencia, los feminicidios y la corrupción, por mencionar los problemas más evidentes; deterioran cada día más la calidad de vida de las personas en nuestro país.
Hablar de felicidad en tiempos de pandemia resulta algo contradictorio, sin embargo, los seres humanos nos hemos mostrado realmente resilientes y positivos ante estos tiempos revueltos. El último World Happiness Report de Naciones Unidas concluye que en 2020, año de pandemia global, hubo una gran resiliencia para enfrentarla; los promedios generales de felicidad se mantuvieron estables con algunas diferencias entre países. En México, información de INEGI y Coneval señalan que las personas se sienten más y no menos satisfechas con la vida y en particular con su estado de salud.
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Y nos preguntamos, ¿cómo puede ser esto?, al menos yo me lo pregunto, y pienso que sucede porque hemos dado valor a lo que dábamos por hecho: estar vivos. La pandemia nos ha dejado ver lo valioso de la vida misma, de la salud, de la resiliencia y de las relaciones humanas. El acceso a la tecnología nos ha permitido seguir trabajando y recibiendo educación, hemos valorado pasar tiempo en espacios al aire libre y en actividades con nuestro núcleo familiar.
Los estudios sobre felicidad muestran que el factor que más contribuye al bienestar de las personas son las relaciones sociales, el contacto humano, la calidad y fortaleza de nuestros vínculos.
En tiempos de pandemia donde el aislamiento social es la solicitud de los gobiernos para detener los contagios, considero que es momento de repensar los planes de gobierno y las políticas públicas incorporando a la felicidad social como fin último. Es muy importante que el sector público sea un facilitador de las condiciones que contribuyan a generar bienestar, es momento de considerar a la felicidad como un proceso de vida, donde ciudadanos y gobierno trabajamos de la mano y nos comprometemos a reconstruir el tejido social, la cohesión social y a ser corresponsables ante las necesidades y adversidades que nos afectan a todos y todas.
Reflexionemos cada uno de nosotros para definir: ¿cómo estamos contribuyendo a la felicidad social en tiempo donde todo parece ser un caos? Qué podemos hacer o cómo debemos actuar para que más allá de la pandemia y el aislamiento, seamos una sociedad capaz de colaborar, compartir y vivir sabiendo que dar, es lo mismo que recibir.