Hace unos días se dio a conocer el más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, elaborado por expertos reunidos por la Organización de Naciones Unidas. En pocas palabras, el informe pone “en código rojo a la humanidad” al señalar que, si no hacemos algo pronto, se nos acabará el tiempo para poder revertir los efectos del calentamiento global.
El reporte -cuya elaboración tomó tres años y que contó con la colaboración de 234 científicos de 66 países- establece cuatro conclusiones alarmantes: Primero, que ya no existe ninguna duda de que los responsables de la crisis climática somos los seres humanos, es decir, que el calentamiento del planeta ha sido ocasionado por la actividad humana. Segundo, que muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes. Por ejemplo, en 2019 las concentraciones de CO2 atmosférico fueron las más altas en los últimos dos millones de años. Tercero, que las olas de calor, que se han vuelto cada vez más frecuentes desde hace 50 años, se intensificarán, generando un mayor número de sequías e incendios. Y cuarto, que ha llegado la hora de actuar y de aplicar medidas inmediatas contundentes y a gran escala, toda vez que se han elevado las temperaturas a un ritmo superior al que se tenía previsto.
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De hecho, el mes de julio ha sido el más caluroso desde 1880, de acuerdo con la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos. La temperatura promedio global el mes pasado fue 0.93 grados centígrados superior a la media del siglo XX, que fue de 15.8 grados. Según el mismo organismo, los últimos siete julios han sido los más cálidos, lo cual indica una clara tendencia de cambio climático producto del calentamiento global, por lo que el horizonte para los próximos 30 años es alarmante.
Recordemos que el punto de no retorno está ubicado en el momento en que superemos el umbral de 1.5 grados centígrados de temperatura promedio a nivel global. Si rebasamos ese promedio, habremos alterado irremediablemente el equilibrio ecológico global y entraremos en una era extrema de grandes olas de calor, sequías e incendios, lluvias torrenciales, ciclones, aumento del nivel del mar y grandes inundaciones.
El reporte señala que, para las próximas dos décadas, se anticipa un calentamiento de 0.2 grados por década. Si las emisiones se mantienen en los niveles actuales, el aumento sería de 0.3 grados por década, lo que haría irreversible el cambio climático. Pero si se logran disminuir drásticamente las emisiones, podríamos tener la esperanza de revertir el proceso de calentamiento, lo cual tomaría, de por sí, varias décadas, “dadas las escalas temporales asociadas con los procesos y respuestas del clima”. Esto significa que, aún cuando lográramos un cambio drástico en las emisiones de CO2, seguiríamos padeciendo los estragos de las olas de calor y el aumento del nivel del mar por varias generaciones, aunque con la certeza de que eventualmente lograríamos enfriar el planeta.
Según el reporte de Naciones Unidas, “a menos que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero caigan 7.6% cada año de aquí al 2030, el mundo no alcanzará el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 grados por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París”. Ello exige no solo el compromiso de todos los gobiernos y empresas, sino un cambio de mentalidad de toda la sociedad. Un cambio en la forma en que producimos, en la manera en que consumimos y en el estilo de vida que llevamos.
Es urgente que todos los países adoptemos una estrategia más agresiva de eliminación de combustibles fósiles y adopción de fuentes de energía limpias. Si en los próximos veinte años no logramos controlar la temperatura, la humanidad sufrirá las consecuencias del deshielo y la falta de alimentos sin la esperanza de revertir el proceso. Ha llegado la hora de tomarnos en serio esta alerta climática lanzada por la ONU, porque mucho más pronto de lo que pensamos, será demasiado tarde.